Cartagena,  Textos de autor

Cartagena es una vieja casamentera

«El matrimonio es la principal causa del divorcio». La frase hacía parte del repertorio del comediante estadounidense Groucho Marx. Como todo buen chiste es de una simpleza categórica. Añadía Marx que «es una gran institución, por supuesto, si te gusta vivir en una institución».

Pero bromas aparte, cada persona, independientemente de su ideología religiosa, tiene su propia concepción de esta unión concertada mediante ritos o formalidades legales. Todos tenemos referentes sociales, familiares y culturales en este sentido. Buenos y malos ejemplos. Casos afortunados e infelices.

Es un paso que determina, para muchos, la fundación de una familia. Un paso, quizá, ineludible. Para otros, la sola palabra genera aversión, temor al compromiso.

Contraer nupcias tiene, como casi todo en esta vida, adeptos y detractores; y sin embargo, nos seguimos casando y divorciando en una especie de manía circular.

El tema es serio. Estamos hablando de la dualidad de la naturaleza humana que tanto estudió el filósofo austríaco de origen judío Sigmund Freud. No hay nada más importante que Eros y Thanatos. Nada. Eros el instinto de la vida, el amor y la sexualidad en su sentido más amplio. Thanatos el instinto de la muerte, el cambio, la agresión. Ha sido la fuente de inspiración para pintores y artistas a través de los siglos.

Proyecto de vida en común

En la parroquia del barrio Alameda la Victoria, de Cartagena, el padre Rafael Castillo, 61 años, ofició el año pasado treinta y dos matrimonios. Tan sólo cuatro parejas eran novios primerizos que se decantaron al sacramento. Las 28 restantes vivían desde hacía tiempo en unión libre.

— Estaban madurando la decisión — dice el padre Castillo, cuyas primeras nupcias las presidió en diciembre de 1982, en la Iglesia de Santo Domingo del Centro Histórico de Cartagena de Indias.

El párroco asegura que la gente se sigue casando por tres razones fundamentales: «El amor recíproco, la entrega del uno para el otro y para construir juntos. La decisión de unir sus vidas en un proyecto en común que dé origen a una familia. Y también para cumplir con el sacramento de la Iglesia, porque -como el dice- lo que uno es en la vida es el resultado de los principios, valores y buenas costumbres que adquiere en el hogar».

Además del matrimonio católico, existen varias modalidades. El matrimonio clandestino, el que se celebra sin el párroco y sin testigos. El civil, que se contrae según la ley civil. El de conciencia, que por motivos graves se celebra y tiene en secreto con autorización del ordinario. El de la mano izquierda: el contraído entre un príncipe y una mujer de linaje inferior, o viceversa. El matrimonio in articulo mortis, que se efectúa cuando uno de los contrayentes está en peligro de muerte o próximo a ella.

El padre Rafael Castillo

— ¿Y qué piensa la Iglesia de las personas que se casan varias veces? — le pregunté.

— Cuando hay separación es porque no ha habido un proyecto de vida en común, la gente no sabe lo que quiere — dice el padre Rafael Castillo, cuya vida sacerdotal suma más de tres décadas en la ciudad de Cartagena—. Si no se sabe, es que se tiene una incapacidad para la vida conyugal, una carencia afectiva. Y uno tiene que reconocer esas cosas. Yo, por ejemplo, casado, haría infeliz a cualquiera porque lo mío es el sacerdocio.

Situación fluctuante

Una visión muy diferente resume y ofrece el escritor Héctor Abad Faciolince. El matrimonio, para él, «es carreta leguleya o mamasanta del amor». En sus palabras, «un cura o un notario bendicen a una pareja y le dicen que de ahí en adelante se pueden acostar legalmente, sin pecar ante la ley de Dios y sin cometer infracción ante la ley del mundo».

— Para los antiguos, el matrimonio era una cuestión de patrimonio, y había que respetarlo como se respeta una transacción de compraventa. Si el marido quería deshacer el negocio y pedía el divorcio, podía hacerlo, siempre y cuando devolviera con creces la dote que la esposa había aportado.

En la misma línea opina el futurista, diseñador industrial e ingeniero social Jacque Fresco. «Amor es una palabra vaga. Tú mismo, y la mayoría de las personas, han hecho cosas que lamentan haber hecho, o que pensaron que fueron insuficientes. Todos nosotros. Entonces, a veces te amas a ti mismo, a veces no te amas, a veces te odias. Si te casas con alguien a veces lo amas mucho, a veces menos, a veces te decepciona. Entonces el amor no es una cosa fija, es una situación fluctuante».

Fresco fue un inventor, futurista y pionero en la ingeniería de los factores humanos; trabajó en innovaciones biomédicas. «Si te casas con una chica que tiene siete cualidades que te gustan, y luego de cinco años de casado, encuentras a una chica que tiene 27 cualidades que te gustan, no puedes evitar sentirte atraído hacia esta persona. La gente del futuro será muy diferente. No usarán la palabra ‘Amor’, se usará la palabra ‘Extensionalidad’; me asocio con esta persona porque mejora mi vida, me hace la vida más fácil, tenemos mucho en común, nos entendemos entre nosotros en muchas áreas diferentes y a medida que pasa el tiempo aumentamos y mejoramos nuestra relación».

Fascinanción por el Caribe

Nadie podrá negar que de todas las ciudades colombianas, Cartagena resulta el destino más atractivo e idílico para los novios dispuestos a dar el definitivo «sí». Es un paraje de bodas natural. La ciudad se ha vuelto una vieja casamentera, en el mejor sentido. La reseñan las revistas especializadas de todo el mundo en la industria del wedding planner. Organizadores de bodas, en castellano.

Alrededor de Cartagena de Indias gira un enjambre de empresas que ofrece todo tipo de servicios para celebrar el delicado momento.

—Cartagena, por ser una ciudad del Caribe, se vuelve una fascinación para el extranjero — dice Juan Pablo Estrada, jefe de Grupos y Banquetes del Hotel Santa Clara— . Ellos se asombran de la mezcla de un ambiente tropical, pero al mismo tiempo sofisticado.

Juan Pablo Estrada

Explica que casarse ha dejado de ser un evento acartonado o aburrido. Las bodas en el hotel pueden costar de entre 750 mil pesos y 1 millón 200 mil pesos por invitado, incluido absolutamente todo. Tienen varios momentos en los que se coordina decoración, iluminación, cóctel, ceremonia –el 90% católica-, cena, bebidas, música, folclor o la denominada ‘hora loca’, y hasta algún paseo a las islas, entre muchas otras etapas.

«El cliente —en su mayoría norteamericano, o colombiano que vive en el extranjero, (sobre todo procedentes de Texas y Atlanta, Estados Unidos)— va descubriendo el espíritu del evento», dice Estrada, quien en 2013 coordinó más de 60 uniones.

Y las celebraciones no parece que vayan a parar. Todo lo contrario, se han incrementado en los últimos años e incluso en el hotel se realiza un congreso internacional llamado Tendencias, que ya cumple 10 años y que da un guiño a la buena racha que vive Cartagena, siendo el Cabo San Lucas y Rivera Maya, México, sus principales competidores en Latinoamérica.

Epílogo con viaje al amor

El matrimonio es una alternativa, una opción casi siempre titilante y respetable en todos sus casos. De lo que se habla, y esto es común a todas las religiones, es del amor.

Eduard Punset, 82 años, considerado un divulgador científico y para quien la ciencia es casi su religión, publicó hace once años El viaje al amor, las claves científicas.

«Las megaencuestas que se han hecho sobre la felicidad coinciden en que el único factor externo que incide sobre los niveles de felicidad son las relaciones personales, mucho más que el dinero, la salud o la pertenencia a un grupo étnico. Y dentro de las relaciones personales obviamente una componente importantísima es la pareja, el amor».

—Lo más sorprendente es descubrir que el amor, lejos de ser como cree mucha gente un acto de generosidad y de entrega, es un acto puro de supervivencia. Lo primero que hizo la primera bacteria hace ¡3200 millones de años! en la historia de la evolución fue soltar unas señales químicas preguntando, ¿hay alguien más?—dice Punset.

Pregunta, asustada. Sola no podía subdividirse en otras y al mismo tiempo cuidar de la energía. Y a lo mejor es lo que somos. Una comunidad andante de células como resultado de una búsqueda del otro, de fundirse con el otro.

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