Arte y Letras,  Narrativa

En defensa, un relato corto de Ruben Darío Álvarez

De un solo puntapié cubierto con una bota pesada, el tío Gilberto dejó agonizante a “Negrita”, la perra criolla del sobrinito Hilario, quien la encontró trasbocando la vida por la nariz, la boca y los orificios más íntimos, por donde dentro de unos días debía salir su primera camada. Esa noticia al niño lo mantenía saltando de regocijo, Negrita fue su alegre compañera desde que se la trajeron de la ciudad envuelta en una mota de pelo oscurísimo; y desde entonces se volvieron inseparables, correteadores, saltadores y nadadores por los montes y lagos salvajes que rodeaban la gran finca de la familia paterna, adinerada, montuna y desalmada.

Hilario quería detener la sangre caliente que se escabullía desde las entrañas de Negrita, mientras escuchaba la voz de trueno del tío Gilberto acusando a «esa perra tan atrevida que me tumbó un cántaro de leche y me tocó patearla para que no jodiera más».

El muchacho puso a un lado la mochila de guayabas maduras que traía para Negrita y se dedicó a acariciarla como queriendo atajar las zancadas de la muerte, pero el tío, fiel a su estilo montaraz y despiadado, le sugirió que lo mejor era terminar de liquidarla.

—Yo lo hago—le propuso Hilario.

—¿Serías capaz?

—Sí. He visto cómo se hace.

El tío, entre divertido y asombrado, le entregó la escopeta. Hilario apuntó a Negrita, pero antes de halar del gatillo levantó el cañón como un rayo y le destrozó el rostro al asesino. Y como un rayo cargó a Negrita. La llevó a lo más perdido de los montes, le organizó un sepelio con las mejores flores silvestres y se atravesó en medio de uno de los caminos por donde sabía que todas las mañanas pasaba una columna guerrillera.

—Llévenme con ustedes—le suplicó al comandante—. Mis tíos me andan buscando para matarme.

—¿De qué tronco viene usted?

—De los Carranza Villa.

—Ajá, ¿y por qué lo quieren matar?

—Porque acabo de matar a Gilberto, el mayor de ellos.

—Bien hecho. Ese era un terrateniente de los más malparidos que hay por aquí.

—¿Me lleva?

—Claro. Venga con nosotros y ayúdenos a seguir exterminando esa plaga.

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