Narrativa

En la lista de espera, un cuento de Ernesto Taborda Herrera

Era mediodía en Bisba, un mundo habitado que parecía un durazno y giraba solitario en la punta de un brazo estelar lejano. Había terminado una lluvia de meteoritos que cada ciclo crepuscular tachonaba a una luna gigante que nunca se escondía en la línea del horizonte, pero eso en la cotidianidad de Bisba no era relevante o le importaba poco a sus residentes.

Cuando tomaba una siesta, en una especie de hamaca fabricada por él mismo, desde que conoció el invento artesanal en la Tierra en uno de sus viajes, Fx33, quien era mitad alienígena y mitad androide, se sobresaltó ante la vibración de uno de sus nodos de comunicación interna. A su cerebro llegó un mensaje desde aquel planeta azul que tanto admiraba, pero que poco a poco estaba poniéndose rojo, a tres millones de años luz y en el cual tenía algunos amigos.

Fx33-Flawiusz, como estaba registrado en su tarjeta cósmica, cerró los ojos y procesó la información recibida. Desde la Tierra, su amigo Marcelo Castell le hacía una petición sobre cómo acceder a hechos y eventos del pasado.

—¿Viajar al pasado? ¿Eso es lo que quieres?

—Si tan solo pudiera ver unos hechos concretos, específicos. Es muy importante para mí, Flawiuz; ¿Sabes? se trata de un crimen, y en mi calidad de abogado neófito, sin poder económico ni influencias, es la única carta que puedo jugarme. Quiero conocer cómo sucedieron los hechos.

Marcelo le escribía a Fx33 desde una tablet, usando una aplicación supersónica que ya era común y cuyos datos viajaban años luz. Las comunicaciones en el cosmos estaban tan masificadas, sin importar la lejanía, que existían, como en el pasado entre los humanos, redes sociales intergalácticas, que facilitaban las relaciones, los ligues o los amoríos entre las especies. Esa masiva globalización de intercambio genético estaba produciendo una variedad insospechada de seres inimaginables. Se podían ver humanos con ojos almendrados de extraterrestres reticulianos; o como Fx33, que a pesar de su piel gris, era alto y apuesto con un aspecto humanoide.

Marcelo envió toda la información requerida por el extraterrestre para que fuera procesada y dar con el momento justo que buscaba. Se trataba del caso de una hermosa chica de cabellos rubios y ojos ámbar, señalada de haber apretado el gatillo en un callejón sin salida en una noche sabatina, y dar muerte a cuatro sujetos que pretendían violarla. Otra versión apuntaba a que la chica apareció de la nada, y sin mediar palabra acribilló a los sujetos que fumaban en el callejón.

Fx33 introdujo todos los datos en su ordenador, enlazó con su cerebro y se concentró.

Entre tanto, la chica estaba en la lista de espera en una celda por una sentencia que la llevaría a la cámara de gas.

Pasó un ciclo crepuscular en Bisba, que eran unas cuatro semanas en la Tierra. Marcelo no sabía nada de Fx33 y de lo que había visto sobre el homicidio.

Llegó a dudar de todo. Pensó que quizá Fx33 era alguna broma de un amigo y que aquel ser y aquel mundo como un durazno en realidad no existían.

El abogado perdió el caso y la Policía se topó con que la chica escapó de su celda. La buscaron por todos lados.

En Bisba, un sujeto alto y gris hacía la siesta con una humana rubia, apreciando desde una hamaca una lejana lluvia de meteoritos contra la luna gigante que nunca se oculta.

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