Economía y Política

Los orígenes del terrorismo islámico

El terrorismo islámico es hoy en día la mayor amenaza que enfrenta Occidente y es el enemigo irreconciliable que buscaban los Estados Unidos desde cuando se derrumbó el comunismo, el mundo dejó de ser bipolar y la gran potencia se quedó sola y sin con quien pelear en el planeta.

Un historiador llamado Francis Fukuyama se atrevió a hacer optimistas vaticinios. En un libro titulado El fin de la historia, dijo que tras el desplome de la Unión Soviética y sus satélites, sobrevendría una época de paz, en la que el mundo se inclinaría por los valores occidentales de la democracia y el libre mercado, olvidando que desde la edad media hay un enemigo implacable que desprecia esos valores y su objetivo es construir una gigantesca nación regida por la Sharia, es decir, por la utilización política de ciertas normas contenidas en El Corán, lo que ya se hizo en una época en el Irán del ayatola Khomeini y también se ha intentado en Afganistán, Argelia y Egipto.

En el siglo XX, las primeras expresiones de este islamismo militante se dan en 1928, con la creación en Egipto del movimiento Hermanos Musulmanes, que a lo largo de los años ha atemperado su ideología extremista, sin perder sus principios originales.

Hay, sin embargo, un Islam exclusivamente religioso, que condena la Yihad y cuyos postulados abogan por la paz y la reconciliación. Este Islam también es blanco de ataques de los fundamentalistas y es la mayoría de esta religión.

Entre laicos y ortodoxos

Después de que apareció El Corán como libro sagrado de los musulmanes, la difusión de esa doctrina se hizo de dos maneras, según el analista Alfredo Toro Hardy. A través de los sufíes y de los ulemas, esa religión se fue expandiendo fuera de los países árabes, principalmente al norte del África y el suroriente asiático. Los sufíes pregonaban un islamismo popular. Los ulema, eran, por el contrario, expresión de un Islam académico y culto. Los primeros lograron llegar hasta los sitios más lejanos, los segundos se concentraron en las clases dirigentes de las grandes ciudades, preservando la versión original de El Corán. Los sufíes, por el contrario, dejaron que este se fundiera con las doctrinas locales, como una forma de facilitar su expansión.

En el siglo XVIII, el Islam comenzó a sufrir una enorme decadencia, que fue explicada por los ortodoxos como una consecuencia de la degeneración a que había sido sometida la doctrina, y se propusieron depurar sus manifestaciones populares, que abarcó numerosas guerras santas en los países árabes, África y Asia Central, hasta la consolidación en India e Indonesia.

Como resultado de este periodo, se volvió a un Islam que forjó la identidad musulmana, con el retorno a una doctrina muy apegada a la tierra.

Expansionismo occidental

Cuando el colonialismo europeo marcó la expansión enorme de los valores occidentales, plantearon un reto de grandes dimensiones al mundo musulmán. Enfrentados a través de tres grandes maneras: los reformistas, los modernistas y los islamistas. De los primeros, los wahabitas de Arabia Saudita son la cabal expresión. Y fomentaban la depuración exclusivamente religiosa, mientras los segundos proponían la conquista de la ciencia y la técnica occidentales, y de muchos de sus valores, que se manifestó después de la Primera Guerra Mundial a través de la creación de muchos Estados-naciones, cuyas fronteras no eran las naturales de las etnias, sino las impuestas por los imperios europeos, a su conveniencia.

Los islamistas consideraron que tanto reformistas como modernistas habían fracasado en su tarea de recuperar el esplendor del Islam, y construyeron una ideología que mezclaba la política y la religión que planteaba la derrota del capitalismo y el socialismo occidentales, y que ha servido de orientación a los grupos más radicales a lo largo de los últimos 100 años.

Los atentados del 11 de septiembre

La última gran confrontación de la Guerra Fría fue la invasión de la Unión Soviética a Afganistán: Estados Unidos, obsesionado por propinarle los mayores golpes a su enemigo de muchos años, entrenó y financió a los talibanes, una facción político-militar fundamentalista islámica, fundada para enfrentar a los comunistas, que seguía una doctrina extremista.

Con una visión coyuntural, Estados Unidos veía al islamismo como el tapón que estaba buscando para frenar los deseos expansionistas de la Unión Soviética.

Estos mismos talibanes ayudaron al líder saudita Osama bin Laden y su grupo terrorista Al Qaeda a ejecutar años más tarde los ataques más devastadores contra Estados Unidos en toda su historia: los atentados del 11 de septiembre.

La respuesta de Estados Unidos se centró primero en Afganistán y luego en Irak, donde el dictador Saddam Hussein había instaurado un régimen fundamentalista, que reprimía todas las libertades.

Los orígenes del Estado Islámico

Originalmente conocido como Organización para el Monoteísmo y la Yihad, el Estado Islámico apareció como una organización terrorista aliada de Al Qaeda para enfrentarse a la invasión de Irak, dirigida por Abu Musab al Zarqaui, quien tras su muerte fue reemplazado por Rashid al-Bagdhadi, bajo el apoyo de bin Laden y muy pronto dominó las gobernaciones de Nínive, Ambar y Kirkuk, y en menor medida las de Babilonia y Bagdad, proclamándose como Estado Islámico (EI) de Irak, con cuartel general en la ciudad de Bakuba.

Tras una serie de golpes, incluyendo la baja de al Zarqaui, la organización se renovó con la guerra civil siria, y pasó a ser conocida como Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, por su sigla en inglés), bajo el liderazgo de Bakr al-Bagdhadi. Eliminó los lazos con Al Qaeda y se proclamó califato, que reclama ser la autoridad de todos los musulmanes del mundo.

Su intención es fundar una gran nación islámica que vaya desde Irak y Siria hasta el norte de África (Argelia, Libia, Egipto) y que incluya a Turquía.

En los territorios que domina, impone su particular visión de la Sharia, ejecuta cruelmente a los que considera enemigos y destruye el patrimonio histórico.

No es el único

En el mundo existen numerosos grupos fundamentalistas y terroristas islámicos, y todos tienen la visión de fundar una gran nación musulmana, tienen una interpretación extremista de El Corán y son partidarios de la Yihad o guerra santa.

En varios países operan con la financiación de la droga, los secuestros, entre otras fuentes.

En Estados Unidos está el grupo del abatido Anwar al-Awlaki, en Daguestán existe otro que quiere convertir el Cáucaso en una gran nación islámica, en África están en Mali, Somalia, República Centroafricana, entre otros países. Incluso en América Latina han sido detectadas facciones en Venezuela y en el triángulo Argentina-Uruguay-Brasil.

Esto quiere decir que el extremismo islámico es una amenaza global, la que Samuel Huntington consideraba expresión del nuevo orden mundial que describió en “El choque de las civilizaciones”.

                          Fotografía: RT

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