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Mendoza: un rostro apacible en la convulsionada Suramérica

Desde una visión extranjera, caracterizada por un conocimiento escaso sobre la diversidad cultural y geográfica de las tierras que abundan en Suramérica, pensar en Argentina es imaginar a la magnífica Buenos Aires con su simbólica Plaza de Mayo, escenario de luchas y conquistas políticas.

Desde esa misma visión, concebir el país a través de sus referentes más conocidos afuera como el tango, Maradona o Carlos Gardel, por citar algunos, es quedarse extremadamente corto.

La Argentina tiene muchos rostros y realidades. Uno de ellos es la ciudad de Mendoza, declarada en el año 2006 por la Great Wine Capitals (Red Global de Grandes Capitales del Vino), como una de las nueve capitales internacionales del vino. Este organismo con sede en la ciudad francesa de Burdeos está integrado por las regiones líderes de la industria vitivinícola mundial.

Ubicada al oeste de La República Argentina, la provincia de Mendoza yace al pie del Cerro Aconcagua, el pico más alto de la gran Cordillera de los andes, esa que recorre varios países de Suramérica desde el extremo sur: Tierra de Fuego pasando por Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia hasta Venezuela, haciendo las veces de un fuerte vínculo geográfico que también nos recuerda que más allá de las diferencias culturales de cada región, compartimos historias y luchas sociales.

El vasto territorio mendocino se extiende por toda la región cuyana o Valle de Uco, nombre que hace honor a un cacique indígena de la época colonial. Es la cuarta provincia más poblada de la Argentina y también la ciudad natal del conocido humorista gráfico Quino que dio vida a Mafalda, esa niña rebelde y preguntona que por cierto hace poco cumplió 55 años.

Allí tienen lugar las cuatro estaciones del año. No es un secreto que la ciudad se entristece en invierno y se alegra cuando llega el verano. Así como los árboles y plantas se embellecen, los rostros de las personas también se tornan radiantes y optimistas.

Cordillera de Los Andes; fotografía: Soad Rodríguez.

Una urbe tranquila

Mendoza es una gran provincia que se encuentra en pleno proceso de urbanización porque posee muchas zonas rurales dedicadas a la agricultura que es el fuerte económico de la región, lo que contrasta con el paisaje citadino de otras áreas residenciales y del centro al que sus habitantes llaman “capital”.

Al recorrer calles y avenidas principales como San Martín, encontramos el corazón del comercio que se extiende hasta otras importantes avenidas como Las Heras y la calle Godoy Cruz. Casi todas las calles principales de la capital internacional del vino tienen nombre de personajes ilustres de la historia argentina de épocas coloniales y de cuando ya se había constituido como estado-nación. Precisamente, el nombre de San Martín es un homenaje al General José de San Martín, considerado el libertador nacional.

La primera vez que visité el centro de Mendoza tuve la sensación de estar en el centro de una ordenada y pequeña ciudad europea, tal vez de España o quizás de Italia. Sus tiendas, restaurantes, cafeterías y pasajes con mesas y sillas al aire libre me hacían pensar que así podrían ser algunas ciudades del viejo mundo. Mientras más me adentraba en sus calles y plazas adornadas con grandes árboles que cambian de color dependiendo de las estaciones del año, más notaba una influencia europea.

Luego, revisando un poco la historia local conocí que inmigrantes italianos llegaron a esta tierra a finales del siglo XIX y principios del XX, participando en la construcción del paisaje urbano que con el paso del tiempo mantiene ese sello indeleble.

Plaza de la Independencia; fotografía: Soad Rodríguez.

Acostumbrada a contemplar los pintorescos paisajes caribeños y moverme entre ciudades de ambientes convulsionados, de enormes e imponentes edificios donde la vida parece ser una carrera contra el tiempo, causa impresión el sosiego que se percibe en esta ciudad argentina, donde es posible sentir un aire de tranquilidad, lejos del bullicio ensordecedor del ambiente callejero, la contaminación atmosférica, y la agonía diaria de otras grandes ciudades. En términos generales Mendoza es una ciudad que sobresale por tener calles, parques y avenidas muy limpias.

A primera vista pareciera que sus habitantes no vivieran con afán. Afán de que te atiendan lo más rápido posible en un comercio, afán de atender a un cliente lo más pronto porque hay muchos más impacientes que te esperan. Afán por llegar a tiempo a algún lugar, por volver a casa pronto después de una larga y extenuante jornada laboral.

De seguro algunos mendocinos experimentan por momentos que la vida se va y el tiempo no alcanza. Sin embargo, el hábito colectivo de vivir a prisas no parece ser el común denominador de sus habitantes. Aquí todos y todas se toman su tiempo para hacer las cosas.

Avenida San Martín, Mendoza; fotografía: Soad Rodríguez.

Ruta del vino en Argentina

Debido a su condición de región vitivinícola, la provincia atrae a cientos de turistas y amantes de la bebida de los dioses que llegan con el propósito de recorrer los viñedos y bodegas (lugares donde se almacena el vino), generalmente localizados en distintas áreas geográficas que conforman la región cuyana.

Por ser líder en la producción nacional de vinos, Mendoza es la anfitriona de la Fiesta Nacional de la Vendimia, una de las celebraciones más importantes de Argentina, en la cual se rinde homenaje al vino, coincidiendo con la época de cosecha de la uva que inicia en el mes de febrero.

La cepa de vino, como se denomina a la planta o variedad de uva que más se cultiva en Mendoza es el Malbec usado para hacer vino tinto. Probablemente, alguna vez hayas tomado una o más copas de vino ignorando que fue producido en Mendoza.

Fuente en honor al vino; fotografía: Soad Rodríguez.

Lo extranjero siempre presente

El componente extranjero es notable en una ciudad que se configuró con la llegada de inmigrantes europeos como en toda la Argentina. Ahora La población inmigrante que más se destaca son latinoamericanos: bolivianos y peruanos. Los primeros hacen un aporte significativo a la economía local porque representan en su mayoría, la mano de obra que cultiva y trabaja la tierra, de la que emergen distintos frutos y verduras que son la base de la alimentación autóctona de la región.

Asimismo están dispersas por toda la provincia pequeñas comunidades provenientes de todos los rincones del mundo: Mexicanos, indios, irlandeses, israelitas, colombianos, venezolanos, alemanes, libaneses, sirios, entre otros, tanto es así que todos los años se lleva a cabo la Feria de las colectividades, evento en el que confluyen comunidades de residentes inmigrantes para mostrar algo de su cultura a través de comidas, bebidas, música y bailes típicos.

Lo europeo y americano siempre está presente en Mendoza, en su gente, sus plazas, costumbres y tradiciones. Aunque lo primero quiera primar sobre lo segundo, ambas visiones se entremezclan dando como resultado una interesante hibridación cultural, muy propia de la identidad de las tierras Latinoamericanas.

Mendoza concebida como un todo, está en un proceso de cambio donde el crecimiento y desarrollo urbano se expande hacia las amplias zonas rurales que rodean su “capital”. Como toda ciudad tiene sus contrastes y contradicciones sociales, éstas son evidentes cuando se pasa de un paisaje rural a uno urbano como el que conforma el centro de la ciudad.

Muchos de sus habitantes todavía no lo saben: Mendoza es un rostro apacible en la convulsionada Suramérica. Es una de las pocas ciudades donde en la cara de sus ciudadanos no se ve el temor.

Es como una joven dama conservadora que tiene sus pecadillos. Luce radiante, hermosa, optimista e ingenua. Esa ingenuidad que la caracteriza es propia de su naturaleza bucólica.

Pasarán muchos años antes de que su panorama actual cambie y se convierta algún día en una ciudad de la furia… ojalá eso nunca ocurra.

Espacio agrícola; fotografía: Soad Rodríguez.

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