Economía y Política

Prestar es cuestión de método

Los créditos “gota a gota”o “paga diario” son un fenómeno económico que se ha generalizado en el país. Su fortaleza radica en las facilidades que les ofrecen a los usuarios para devolver el dinero prestado, es simple cuestión de método. Este sistema evita tramites estrictos, como los bancarios y los de otras entidades financieras. Es una práctica económica insertada de tal manera que genera sus propias oportunidades de inversión, sus propios empleos y estrategias de operación. 

En este artículo llamaremos por el nombre de Ximena García a una joven encargada del registro diario de los ingresos económicos de un prestamista asesinado en su propia casa, a finales de diciembre del 2009, en la ciudad de Cartagena. Después de esto, el negocio se cerró. 

Cartagena ha sido parte del crecimiento de esta actividad económica. Aunque no se manejan cifras oficiales, es común encontrarla en cualquier barrio de la ciudad. Se cuentan entre los agremiados que el negocio empezó hace 23 años gracias a Edgar Duque, un hombre proveniente de Medellín. En ese momento la actividad consistía en que Duque prestaba 50 mil pesos en la mañana a los comerciantes del mercado y en la tarde recogía 60 mil pesos.

Hoy el fenómeno cuenta con un ejército de cobradores que operan en distintas rutas, lo que les facilita establecer relaciones con un alto número de deudores a lo largo del área distrital e incluso en Turbaco y Bayunca, como da cuenta Ximena.

Así funciona 

Se le presta al negocio informal: pequeños comerciantes, vendedores ambulantes de frutas, libros, plátanos y un largo etcétera. Los representantes de cada negocio firman una letra de cambio que nunca se hace efectiva. «Dado el caso, el negocio responde”, afirma Ximena. “La mayor plaza está en el mercado de Bazurto y el Centro Histórico”.

Las tasas de interés que se manejan son del 10, 15 y 20 por ciento. Varía de acuerdo a la cantidad prestada y al plazo de pago pactado. Regularmente se paga a diario, de ahí su nombre coloquial. 

Por otra parte, la cuantía puede ser de 50 mil pesos hasta 100 mil millones de pesos, dependiendo del prestamista. Cuando la cantidad oscila entre los 50 mil y los 500 mil pesos, generalmente el plazo de pago es de 24 días con un interés del 20%. El deudor debe cumplir con una cuota diaria en la que se incluye los domingos y festivos, aunque el cobrador no trabaja esos días.

También manejan cifras más cuantiosas. Si el préstamo es por una cantidad que sobrepasa los 500 mil pesos, el plazo de pago se puede extender a 60, 90, 120 días o más, dependiendo de la cantidad requerida por el cliente. Entre mayor sea la suma de dinero el plazo puede ser más largo y el interés más bajo. En estos casos se excluyen los domingos y festivos. 

Ser prestamista es un negocio altamente rentable. “Con lo que se recoge diario, se vuelve a prestar al día siguiente con el mismo porcentaje. Eso es lo que hace que el negocio sea tan prospero. Al mes se le gana el 100% del capital invertido”, asegura Ximena García.

Si el pago se incumple, “algunos prestamistas optan por quitar por la fuerza, y a veces con violencia, los bienes de sus deudores: negocios, casas y los carros. Depende de la deuda y lo que la persona tenga”, señala. 

Los prestamistas principiantes o de pocos recursos generalmente trabajan con dinero propio. Los más acaudalados piden a su vez prestado a entidades financieras que les ofrecen el 1.5% de interés; otros simplemente trabajan con los dineros del narcotráfico. Pero el común denominador es que todos deben pagar vacunas, en su mayoría a las bandas criminales emergentes de la ciudad o a los paramilitares, si es que existe alguna diferencia entre un grupo y otro. es confusa la línea divisoria.

Los cobradores

Estos personajes cargan su propio estigma. Se les asocia con la desgracia e incluso con la muerte, si el deudor llegase a incumplir alguna cuota. Los usuarios creen que a ellos les da igual cobrar o no a tiempo, porque como dice Félix Ramos, un usuario del sistema, “lo importante es que la plata sucia circule y entre en la economía”. 

Algunos cobradores deben recorrer la ciudad de extremo a extremo, antes de terminar el día laboral. En contraprestación, pueden llegar a ganar por comisiones o pueden pactar un sueldo fijo con los patrones. Ese sueldo oscila entre los 800 mil pesos y el millón de pesos semanal. En ocasiones se les suministran las motos para hacer sus cobros con un presupuesto diario para la gasolina, almuerzo y seguros.

Sector i-Legal

No existe en Colombia un marco legal que reglamente dicha actividad. Dentro del Código Penal apenas se encuentra el artículo 305 que se refiere al delito de usura, como el cobro, directo o indirecto a cambio de préstamo de dinero o por concepto de venta de bienes o servicios a plazo. Es decir cuando se produce una utilidad o ventaja que excede en la mitad del interés bancario corriente que es del 1.5% mensual, según la certificación de la Superintendencia Financiera. 

La pena punitiva es de dos a cinco años en prisión, la multa pecunaria de 50 a 200 salarios mínimos legales mensuales vigentes. 

Fue el Decreto 4450 de noviembre de 2008, el que intentó puntualizar más respecto de esta actividad y aumentar la pena, amparado en la figura de la emergencia social declarada el 17 de noviembre de 2008. Sin embargo, este mismo fue declarado inexequible por la Corte constitucional a través de la sentencia C-226 de 2009.

Cero interés gubernamental

En Cartagena el negocio del “paga diario” es un sistema totalmente abierto, sin restricciones ni controles por parte del Gobierno Nacional, y aún menos por parte del local. Se ha dicho que es una actividad ejercida en la ciudad desde hace 23 años y cada vez se hace más rentable. Ni siquiera los decretos de la emergencia social han podido atenuar la cantidad de injusticias que se cometen contra los deudores.

Sin embargo, es preciso resaltar la labor de ciudades como Barranquilla y el Departamento del Cesar, que han buscado su propio mecanismo de control. La primera a través de la Banca de Oportunidades, un programa de la presidencia de la República, implementado desde el 2007, que se desarrolla con el fin de ofrecer oportunidades de créditos bastante asequibles a los pequeños comerciantes. Por otra parte, en el Cesar, desde 2009 se adelanta un programa de microcrédito que cuenta con cinco mil millones de pesos de fácil acceso a las familias de bajos recursos del departamento.

El proyecto de ley presentado por el senador Efraín Cepeda para desestimular esta actividad económica en las urbes de Colombia ha sido descartado cada vez que este miembro del Partido Conservador lo ha radicado ante sus congéneres políticos de la Cámara y el Senado. Su propuesta no ha tenido el suficiente apoyo ni en 2013 y tampoco en 2014. Ha sido presentado nuevamente este año.          

Una actividad comercial sin restricciones como esta pone en peligro la seguridad de los ciudadanos. Sistema que a su vez es propiciado indirectamente por la inasistencia y el abandono del Estado a los colombianos más vulnerables. Cartagena aún está a tiempo de controlar esta situación, siguiendo el buen ejemplo de otras ciudades. Sólo hace falta la voluntad política.

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