Música,  Textos de autor

Las metáforas tecnológicas de un trovador contemporáneo

Es curioso que en su intención de comunicar y provocar emociones, los cantautores contemporáneos han evitado hablar de las tecnologías digitales, como no sea para causar risa. Por alguna razón decir Facebook o cualquier término relacionado con la informática o la electrónica en una canción suele ir acompañado de una carcajada. Una de las posibles razones es la idea de frivolidad que hemos relacionado con estas nuevas herramientas, que no van de la mano con la imagen romántica, rebelde y asceta que del cantautor se tiene. Pero pasa que con Jorge Drexler esto no ocurre: sus canciones poseen constantes referencias a ellas y las procesamos con toda la seriedad del caso.

¿Cuál es la razón? Drexler comprende que no existe una oposición sustancial entre las nuevas y las viejas herramientas tecnológicas. Una de sus anécdotas preferidas refiere a la respuesta que da cada vez que alguien le pregunta si prefiere la música creada a base de guitarra o la que se crea usando la tecnología: “¿vos has visto una guitarra crecer colgando de un árbol?”. Un faro, un tren, una carta. Son también objetos tecnológicos que en algún momento de la historia suponían la misma novedad y asombro que nos producen hoy una pantalla, un videojuego o el último teléfono en salir al mercado. Esto lo expone también en Guitarra y vos:

“Es cierto que no hay arte sin emoción
y que no hay precisión sin artesanía,
como tampoco hay guitarras sin tecnología”.

Teniendo esto claro, preguntémonos ahora cuál es la diferencia entre el faro y la tableta que nos hace relacionar lo primero con motivos literarios antes que lo segundo. La respuesta es la carga simbólica. El simbolismo asociado a muchas viejas tecnologías crea en nuestras mentes relaciones casi universales incluso de manera inconsciente: el faro es la luz en la oscuridad, la guía, el socorro y norte de los viajeros; el tren es el progreso, el escape, la despedida; la carta es la distancia y el amor que la derrota. Las relaciones que podemos hacer con estos tres objetos podrían continuar, porque una de las características de los símbolos es que su significado no se agota, y los artistas se han valido de éstos para crear con una sola palabra todas estas imágenes mentales y sensaciones en su público.

Ahora, este simbolismo no es inherente al objeto, fue creado por el ser humano a lo largo de muchos siglos de convivir con estas tecnologías, por medio de la literatura oral y escrita. El hecho de que las tecnologías digitales no tengan tal carga simbólica se explica tan sólo por su novedad y no por alguna incapacidad para producir simbolismos.

La habilidad de Drexler consiste en crear y naturalizar esas relaciones, en parte, como ya dijimos, por mostrarnos que no existe una diferencia sustancial entre viejas y nuevas tecnologías. Ese es uno de los temas de su sencillo, Telefonía, donde a partir de un mensaje de texto hace una oda a las “telecomunicaciones en todas sus variantes”, por la sencilla razón de que, al igual que las cartas, nos han permitido conectarnos con las personas a la distancia, como lo hemos hecho durante siglos:

“Benditos los rollos de papiro
benditas servilletas de los bares
que han guardado idénticos suspiros
desde el Cantar de los Cantares”.

Para Jorge Drexler la tecnología no es ni la panacea ni la perdición de la humanidad; tan sólo es una herramienta que nos ha ayudado a lo largo de nuestra historia a resolver los problemas que la realidad plantea, y que nos puede traer tanto dicha como desdicha. Por eso, si en Telefonía alaba las nuevas tecnologías, y en Salvapantallas esa fotografía desata la nostalgia, también ha sabido retratar el lado oscuro de las tecnologías digitales.

La velocidad a la que se desarrolla la técnica humana no va en consonancia con nuestra propia evolución biológica y eso supone uno de nuestros principales retos como especie: evitar que la capacidad de daño que podemos causar en el mundo, alimentada por los instintos, miedos y odios irracionales que arrastramos aun desde la edad de piedra, no acabe con nuestra propia existencia. Somos niños jugando con fuego.

Aunque no en estas dimensiones apocalípticas, Drexler ha tratado estos problemas que las nuevas tecnologías nos presentan. Por ejemplo, La infidelidad en la era informática puede interpretarse como la historia de un Hacker que descubre en un mensaje el engaño de su pareja. El uruguayo afirma que “lo atávico al fin sale del reposo”, y que “la obsesión vence a la máquina”. Es decir, retrata este conflicto entre instinto y técnica. Además, la canción pone sobre el tapete otros temas como la privacidad y los celos en nuestros tiempos digitales.

En Data data reflexiona sobre la relación entre nuevas tecnologías y los modos de vida contemporáneos: el consumismo (“todo cambia de bolsillo sin el mínimo decoro”, “el glamur de la codicia”), la avalancha de (des)información a la que estamos expuestos en todo momento (“la lente que todo lo mira ya no hace foco”, “data, data… ¿cómo se bebe de una catarata?”), y la búsqueda de los quince minutos de fama de la que nos advertía el artista Andy Warhol (“nadie existe si no es noticia”). Las figuras literarias se enriquecen también en sus canciones a través del nuevo léxico: el ser humano es un “teleobjetivo” en La plegaria del paparazzo y la “itinerancia” es metáfora de la migración en Bolivia.

Pero quizá el caso más atractivo es la aplicación (neologismo del propio Drexler) Madera de Deriva. Pertenece a N, es una aplicación que corre en teléfonos inteligentes y tabletas por medio de la cual los usuarios pueden participar de la composición de las tres piezas que la integran, por medio de una dinámica distinta para cada una. La dinámica diseñada para Madera de deriva es la que aporta al sentido referencial de la canción. Habla sobre la figura literaria del camino, del descubrimiento que implica el vaivén por el que nos conduce la vida. Del mismo modo, la aplicación exige al usuario caminar equis cantidad de metros para poder desbloquear cada uno de los instrumentos que orquestan la canción, haciendo del uso de esta tecnología una metáfora más de lo que la letra transmite. La ocurrencia es fascinante.

Por esto, si nos atenemos a la etimología de la palabra, Jorge Drexler es un verdadero trovador contemporáneo, porque a pesar de que sabe que desde los tiempos del rey Salomón hasta hoy “siguen siendo las mismas las canciones”, no se cansa de buscar otras formas de expresar los temas que nos motivan a crearlas, al simbolizar, connotar, y metaforizar los nuevos elementos de la realidad.

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