Escrito por Eduardo Viladés
Desde pequeño, sin tener un verdadero porqué, soñaba con cascadas de semen y fluidos penetrando en mis entrañas, con penes erectos y torsos húmedos con restos de barba solidificada en los pezones. Siempre había considerado el sexo como un modo de comunicación y no callaba ni bajo el agua.
En mi cabeza, como el tráiler de una película, vislumbraba presas que cedían, riadas, monzones desatando su ira contra la población, el advenimiento de un nuevo Katrina, Valencia 1957.
Me contaban que, en el pasado, la gente era libre, se tocaba, disfrutaba de las cosas agarrándolas, sintiéndolas, entrelazando los pies en la cama, arrullándose con nanas olvidadas que desembocaban en noches de concupiscencia con la imagen de los cuatro de Liverpool y sus canciones como la banda sonora de un antes que ya era un vago recuerdo.
Help
I need somebody
Help
Not just anybody
Help
You know I need someone
Help
When I was younger, so much younger than today
I never needed anybody’s help in any way
But now these days are gone, I’m not so self-assured
Now I find I’ve changed my mind and opened up the doors
En los años 60 no daba importancia al día a día porque lo único que deseaba era forzar la máquina, experimentar con la muerte, pero no porque quisiera dejar de vivir, sino porque jugar con ella significaba probar nuevas cosas.
El sexo, las drogas y la música eran el motor que me ayudaba a levantarme cada mañana. En esa época yo vivía en Liverpool y mi madre era amiga de la abuela de Paul. Cuando estaba empezando a introducirse en el mundillo local de la música nos hicimos muy amigos. De hecho, fui yo quien le animó a que metiese retazos de skiffle, música beat y rock and roll de los años 50 en sus melodías. Aunque nadie lo sabe, yo compuse Love me do, de manera que hago un llamamiento a la SGAE para que empiecen a pagar lo que me deben.
Sea como sea, estar esta noche en Riojafórum disfrutando de este tributo a mis amigos es algo inimaginable. Primero, porque estoy muerto, como George y John. Segundo, porque no pensaba que se pudiese rescatar el sonido de mis amigos de modo tan perfecto, acompañados además por una sección sinfónica.
Abbey Road es uno de los mejores tributos del mundo a los Beatles. Sobre el escenario consiguen una increíble fidelidad a las voces y sonido originales y son capaces de recrear toda la música de la discografía de los de Liverpool.
Los instrumentos utilizados son los mismos que utilizaban John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr. ¡Me lo van a decir a mí, que acudí con ellos a tiendas de segunda mano para adquirirlos!
Desde el limbo, George, John y yo hemos disfrutado de los acordes de Adrián Ghiardo, Jordi Expósito, Ferrán Corbalán y Carlos Moreno.
Los buenos momentos duran un suspiro, lo mismo pasó con la contracultura de The Beatles y el mundo, ahora abolido, que viví; cuando te das cuenta ya se han evaporado, de ahí que tengamos que atrapar su perfume y guardarlo en frascos para destaparlo en los días aciagos. Por eso me ha encantado volver a escuchar I feel fine, Here comes the sun, Penny Lane, Yesterday, Help, Imagine o I should have known better.
De repente, me invade una extraña sensación de optimismo. Tengo la certeza de que las cosas pueden ir a mejor, hace mucho tiempo que no experimentaba algo así.
Leo en el folleto que The Abbey Road Show lleva 30 años deleitando al público de varios países con su tributo a The Beatles, que han sido considerados como la quinta mejor banda tributo del mundo y la primera de habla no-inglesa. Discrepo, para mí son los mejores. Han conseguido que me haya evadido durante un par de horas de este limbo de los artistas que me quema por dentro, que haya retrocedido a esos locos 60 con sus canciones, con la pantalla gigante que recreaba conciertos de mis amigos y con la indumentaria, que repasaba tres momentos diferentes de la vida del grupo.
Parece mentira porque, como banda, no llegaron a estar juntos más de diez años y, aun así, se les cataloga como el grupo más influyente de todos los tiempos. Durante sus años de estudio crearon algunos de sus mejores materiales, incluyendo el álbum Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band en 1967, justo el año en que yo me lancé a las vías del tren.