La desafortunada celebración de la muerte, por Eduardo Viladés

4 años ago

Mozart se encontraba en un momento muy complicado. Su salud decaía y estaba muy abatido desde el adiós de su padre.

Veinticinco años de transigir, un texto de Henry Ortiz Zabala

4 años ago

Después de cierta edad, digamos, un cuarto de siglo, lo único que haces es forjar una mueca obscena sobre tu rostro, te sale del fondo de la vida y se instala allí, en tu cara.

Apariciones marianas en tiempos de corona, un relato de Eduardo Viladés

4 años ago

Luis no es Séneca y su poder de concentración se limita al porno.

Príncipe de este mundo, un cuento de Juan Cruz López Rasch

4 años ago

Cerraba los ojos y veía cómo los agonizantes cuerpos, una vez ensartados, iban deslizándose por la madera irregular de los troncos, repleta de astillas.

Desesperanza y recursividad: escribir en Barranquilla

5 años ago

Es imposible sobrevivir al tiempo y reelaborar la historia, todo está hecho, sólo queda disfrutar el tiempo que quede mientras que la parca llegue. Más nada.

El corsé, un cuento de Carmen Cecilia Morales

5 años ago

Despertaron después del mediodía, ella tenía aún el corsé, como si este tuviera voluntad propia y se negara a abandonarla.

El escritor de los extranjeros: J. M. Coetzee

5 años ago

Ser humano es lo mismo que ser extranjero y eso se describe igual a como Coetzee describe a sus propios personajes: gente abandonando sus cadenas y girando su rostro hacia la luz.

Del amor romántico y otros demonios

5 años ago

El amor romántico asumido como ideal de la sociedad se sitúa a finales del siglo XVIII, tomando significativo auge gracias a las novelas de tipo romance, características de la época.

Hacia una reivindicación del fracaso

5 años ago

En nuestra misión de comprender la existencia, el universo, responder a por qué estamos aquí, hacia dónde vamos y si vale la pena averiguarlo, todos fracasaremos. Pero si a todos les toca igual, si nadie lo logra, entonces no es fracaso.

El sueño del amo, un cuento de Henry Ortiz Zabala

5 años ago

No entiendo por qué Dios con sus cuatro patas e infinita sabiduría canina no pudo haber hecho que los humanos ladraran, para comprendernos entre nosotros.