Yo le puedo asegurar que no vi una sola rata de carne y hueso durante los dos días que estuve en este poblado de casas de entramado y de piedra arsénica, la mayoría renacentistas.
Aquella tarde corrieron a resguardarse del viento y la lluvia bajo un pequeño techito. Y ahí se quedaron un rato, el tiempo suficiente para caer ante el embrujo del amor en cuerpo y alma. Cuando volvió a su casa, su marido tenía sólo media mujer.
Algunos se atreven a decir que es el espectro de un hombre delgado, de estatura mediana, vestido con traje oscuro. También hay quienes aseguran que se trata de un hombre que solía subir siempre a este colectivo.
Hay una gran virtud aquí por parte del director que consigue escenas viscerales que impactan y perduran. Cada disparo, cada asesinato, duele, y duele de verdad.
La primera experiencia frente a un típico inodoro alemán puede ser traumática para espíritus extremadamente sensibles.
Tan pronto como Akmar cruzó las pesadas puertas del palacio, Dohina sintió un dolor como nunca antes había sentido. Era como la mordedura de una cobra en el corazón, cuyo veneno se difundía lentamente. La mordedura de la falta.
Nos quedamos solos, Maluma y yo, en aquella lúgubre contradicción de la medicina posmoderna, en aquella ventana de tiempo que parecía extenderse hasta los inconfundibles confines del desasosiego.
Asistir a las imágenes de Julian Colbert es entrar en un territorio presentido por el autor y por sus lectores de uno y otro lado del Atlántico, un ecosistema que se ha ido nutriendo de minerales más o menos conocidos, pero no por ello fácilmente avisados
Me gusta mi trabajo. Allí, conozco gente nueva todos los días. Mientras les presto mis servicios, les escucho sus historias o les hablo de la ciudad. Disfruto este ambiente, limpio, adornado y elegante.
Su condición de músico debía aportar en algo para aliviar el sufrimiento. Le decían el Beatle silencioso, pero es, en realidad, un hito generacional.