En unas vacaciones de mitad de año en Ciénaga de Oro, mi primo Fernando Mendoza me puso a escuchar por primera vez a Fruko y sus Tesos.
Los terrores de la crisis humanitaria que suceden a diario en las aguas del Mediterráneo apenas se ganan una moderada reseña en las televisiones europeas.
La pastora protestante, una pelirroja con cara de estudiante virgen, se refirió a Jutta como la «compañera de vida» de Gernot. Lebenspartnerin, dijo.
El muchacho puso a un lado la mochila de guayabas maduras que traía para Negrita y se dedicó a acariciarla como queriendo atajar las zancadas de la muerte...
Lo vio rodeado de un halo de luz blanca que lo asemejaba a un ángel. Lo vio, pero no podía ver nada, ya lo sabía. «¿Qué ha pasado?», se preguntó.
Su habitación tenía barrotes en la entrada y una puerta de acero que sólo se abría externamente. Camila no era la única atrapada en aquel burdel subterráneo, había otras treinta chicas de entre doce y diecisiete años.
Todos conocemos las tribulaciones sufridas por los restos mortales del Campeador, a quien finalmente sepultaron junto a su esposa en la catedral de Burgos. Mas no se conoce la suerte del cuerpo de Don Alvio.
Ella es una estudiante de secundaria que puede ver fantasmas y toda clase de entidades existentes en el plano espiritual, él es un shinigami con sangre humana.
Los que alguna vez fuimos sus estudiantes lo recordamos con la admiración cómplice que se tiene hacia un Maestro, cuya vocación es tan singular como evidente.
Por primera vez, domada por el placer, entre los dedos cursados del finquero, Martha conoció la delicia. Probó el deleite y se sació de la esperanza que da el amor correspondido, entregándose a diario, sin oposición y sin reservas.