Su daga filosa siempre estaba puesta en la llaga, ahondando, lastimando, haciéndola supurar sus putrefacciones más secretas, recordándole a los lectores sensibles —como él— que uno no es más que un compuesto de músculos y mierda.
Me parecieron muy extraños, despertaron mi curiosidad. No eran tan jóvenes, rondarían los treinta y pico; los dos descalzos, los dos con la cara demudada, despojados de toda pasión, como muertos.
Se imagina siendo insultada desde los balcones del hotel por bañarse desnuda de madrugada en la playa sin respetar la cuarentena y se le erizan los pezones.
Premio al menor número de preguntas respondidas en toda una vida. Deberían dar premios a los muertos, así los podríamos acomodar mejor.
La base era la misma: la idea de una “élite oscura” conformada por un círculo de las personas más ricas del mundo.
No entendía cómo aquel había podido seducirla aquella tarde de enero. El asunto, se planteaba Laura, era que no había sido él quien la sedujo, sino ella a él.
... lamentó que el toque de queda no le hubiera dado tiempo de confinarse en su residencia antes de la hora cero.
Elisa se levantó más temprano que todas las veces y puso todo su empeño en preparar un desayuno especial.
Me había sentido útil en la historia de la humanidad.
Hago mucho, como antes del armagedón, pero lo que más disfruto es escribir, y de ésto: desnudarme.