Cartagena,  Textos de autor

Universidad de Cartagena: arte y protesta

Las mañanas en los pasillos de la Universidad de Cartagena, en el Claustro de San Agustín, están ocupadas desde hace varias semanas por un silencio seco y una soledad que abruma.

Los espacios antes habitados por cientos de estudiantes parecen más amplios. Recuerdan por momentos el convento que fue. Pero hay algo diferente: la resistencia estudiantil de los últimos dos meses ha llevado a que ingresen a ese convento colonial los negros, representados simbólicamente con los íconos de Manuel Zapata Olivella y Juana Emilia Herrera García. Ambos constituyen un mensaje directo. Manuel por ser al autor de una obra literaria que exalta la herencia africana y la “niña Emilia” por su encendida y vibrante música representativa de nuestros ancestros afrocaribes.

Los grafitis de estos hijos del mar, del sol picante y el polvorín, constituyen un reconocimiento legítimo de los estudiantes. Con ellos proyectan su sentir como tales, pero también como ciudadanos con derecho al ejercicio político como expresión simbólica enmarcada por el paro y fundamentada teóricamente con este vigoroso neologismo: “artivismo”. Con él las justas propuestas reivindicativas que lo sustentan, son entendidas como un modo de participación social (activismo), proyectadas a través del arte, pero trascendiendo lo meramente estético.

Estamos ante el llamado arteactivista, según la interesante expresión de Nina Felshin, escritora, historiadora del arte y activista estadounidense. “Se entiende como un híbrido del mundo del arte y el mundo del activismo político, y de la organización comunitaria; señala su objetivo principal en el desarrollo de propuestas que impulsen determinados cambios sociales”.

Estos grafitis en la universidad, afirman los estudiantes, son expresiones que no apelan a la violencia, sino que están atravesadas por el arte y la cultura. Eso es lo que buscan visibilizar.

¿Porqué pintar a Manuel Zapata y a la “niña Emilia”? Los estudiantes responden dejando claro el debate propuesto a través de la expresión ‘artivista’.

“Hemos analizado la Universidad desde este punto de vista: una Universidad que se basa en un modelo neoliberal; es decir, que mercantiliza la educación y se construye de espaldas a las realidades locales y regionales, ya que debe responder a ciertos intereses globales. Lo que hacemos con los retratos de estos pensadores locales es reivindicar algunas epistemologías que se han dejado de mostrar. Nosotros leemos a pensadores extranjeros muy buenos, pero hemos relegado mucho
nuestro pensamiento latinoamericano, regional y local ”.

Homenaje al profe Ray

El tercer grafiti de la Universidad abre espacio a una persona viva, a la que muchos suelen saludar cuando caminan por los pasillos del Alma Mater; a quien los estudiantes han hecho un homenaje por su labor destacada como educador, escritor y pensador: Raymundo Gomezcásseres. Desde hace 19 años es profesor catedrático del Programa de Lingüística y Literatura.

Tiene a su cargo un curso de Introducción a la literatura (asignatura electiva); también asesora trabajos de grado en cualquier modalidad relacionada con la literatura, especialmente en creación literaria. Ha escrito muchos libros de los cuales se han publicado cuatro. Su obra está compuesta por novelas, libros de cuentos, ensayos, un poemario, una autobiografía sobre el oficio de escritor y otros textos misceláneos.

Para sus estudiantes, una cualidad que lo caracteriza es su exigencia de responsabilidad y compromiso, pero se trata de una exigencia –dicen ellos- que permite a cada uno esforzarse y entusiasmarse en el estudio. Dar más de sí. En la coyuntura del actual movimiento estudiantil, el mensaje que el ‘profe Ray’ transmite, recopila enseñanzas de escritores y colegas suyos como Raúl Gómez Jattin, Rómulo Bustos, Roberto Burgos Cantor, entre otros. Igualmente, prioriza conocimientos donde la literatura se expresa como manifestación marginal de la cultura y la vida, siendo por eso capaz de dar sentido a variadas experiencias intelectuales y anímicas. Incluso a la protesta social.

En la Universidad de Cartagena se pintan las paredes no sólo como manifestación del desacuerdo por la desfinanciación de la educación pública, sino también por el modelo de universidad que impera en el país. ¿Qué pasará con estos grafitis? No lo sabemos. Podrán ser borrados cuando haya consenso entre los estudiantes y el Gobierno. Pero algo quedará claro: nunca podrán suprimir la historia ni apagar las voces de los estudiantes que, con esfuerzo (algunos con hambre y con pocas probabilidades de obtener una educación universitaria) consiguen prepararse, siendo libres de pensar y decidir por sí mismos, haciéndole el quite a la violencia que nuestros antepasados vivieron.

Fotos Cortesía: Zeth Marzt.

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