Arte y Letras,  Cartagena

Trotasueños: una puerta al teatro, la magia y la vida

Trotasueños nació como muchos proyectos: una conversación de amigos, un encuentro casual, un café. Es una empresa cultural que surgió a partir de una conversación entre amigos, ellos fueron Francisco “Pacho” Rodríguez y Hernán Cerón, quienes se encontraban en Cali aproximadamente en el año 1985 discutiendo que nombre ponerle a su grupo de teatro de títeres. “Qué va, hombe, ustedes lo que son es unos trotasueños”, fue la expresión casi burlesca de Reinel Osorio un amigo del grupo, que impulsaría a “Pacho” y a Hernán, dos muchachos soñadores y enamorados del teatro, a fundar lo que hoy conocemos como la Asociación de Artes Trotasueños. Consideraron que ese nombre era el indicado, pues representaba el espinoso camino hacia la formalización de sus actividades artísticas y culturales.

Trotasueños nace en Cali, cuando Hernán y Pacho anhelaban montar un grupo para presentar obras de títeres. Así dieron sus primeros pasos. Los jóvenes artistas inician sus actividades teatrales en el distrito de Aguablanca, municipios como la Candelaria, Jumbo y Palmira, y sectores populares de la ciudad como el Aguacatal, especialmente en escuelas y colegios, en donde su público, como es natural, eran niños y jóvenes. Pacho además trabajaba en el Teatro Experimental de Cali y Hernán trabajaba con Reinel Osorio, hacían teatro en el Instituto Popular de Arte.

Estaban concentrados en su dinámico quehacer artístico cuando se enteraron por medio de unas hermanas de Pacho que vivían acá, de que en Cartagena habían pocos grupos dedicados a los títeres y de que había un colectivo llamado El Caracol y El Baúl, que seguía una línea similar a la de Trotasueños, pero que habían suspendido sus actividades. Vieron en esto una especie de puerta, la oportunidad que necesitaban para salir de su querido Valle del Cauca y mostrar su arte más allá de Cali, y decidieron
entonces migrar hacia el Caribe.

Llegan a Cartagena en 1994. La ciudad los recibe un poco indiferentes, la idea de ellos era hacer una gira pero no encontraron el apoyo promocional que esperaban. Pese a eso, aquí se instalan y consolidan como una asociación cultural, adquieren personería jurídica y dan inicio a sus actividades. “Aquí empezamos a ser legales. Antes, en Cali, éramos ilegales”, cuenta Eliécer, sonriente, quien se encuentra sentado en su oficina organizando un dragón de cuatro metros de largo, traído desde Medellín, que será este 2017 la mascota de la actividad más importante de la asociación, El Titirifestival.

Eliécer Paternina, desplazado por la violencia de la sabana de Sucre, hacedor de teatro para espacios no convencionales, inquieto por una búsqueda permanente en la artes escénicas y quien desde la muerte de Pacho es el director de la asociación, llegó a Trotasueños cuando Pacho se reponía de un accidente que tuvo y que afectó su columna vertebral, el cual además frenó un poco su camino artístico. Le comentó a Eliécer que le había propuesto a varias personas trabajar con títeres pero que no hacía eco con nadie. Eliecer, quien venía del teatro de calle y con poca noción de los títeres, se dejó llevar por la propuesta que escuchaba, lo vio como una gran oportunidad, le dijo: “vamos pa´ esa, las oportunidades las pintan calvas” y comenzaron a trabajar.

Ya con su estatus oficial de residentes de Cartagena, Pacho y Eliécer, reciben la visita de Hernán Cerón, quien era el co-fundador y colaborador más comprometido con el que habían contado en la asociación, y había decidido venir a conocer, a vivir la experiencia de trabajar acá, sin contar que la temperatura de Cartagena agudizaría una condición que lo caracterizaba: era un tipo extremadamente acelerado e intenso. Al final, sumado a que no se amañó en el Caribe, pensó que él estando sólo ganaba más dinero, que teniendo que dividir los ingresos con Pacho y Eliécer, por lo que a los pocos días se regresó a montar su propio trotasueños en Cali. El impulsivo amigo de teatro Hernán Cerón falleció años después.

Luego de esta corta pero entrañable visita de su viejo amigo de andanzas artísticas, Pacho y Eliécer continuaron adelantando sus ambiciosos proyectos. No recibieron de inmediato ni con facilidad el apoyo y la atención de la ciudad y casi nadie mostró mucho interés en estos primeros lances, hasta que conocieron a Napoleón Hernández, quien se convirtió en un gran apoyo al momento de construir los títeres y los teatrinos que se usaban en sus funciones. Fue así como estos tres hombres se convirtieron en las piedras angulares sobre las que se construyó Trotasueños, sin desconocer que hubo más personas directa e indirectamente relacionadas con la vida de la asociación. “Había mucha gente que entraba y salía, gente que llegaba, trabajaba con nosotros algunos meses y luego se iban, los de planta éramos Pacho, Napoleón y yo”, dice Eliécer.

Ya en el año 1999, luego de que sus obras y propuestas artísticas alcanzaban poco a poco el reconocimiento de la ciudad, especialmente por su labor en las instituciones educativas distritales y por haber ganado varias convocatorias con sus proyectos, llegan a sumarse al proyecto de Trotasueños Flor de Lis Agudelo y la esposa de Pacho, Julia Valdéz. A la vez que este par de mujeres llegaban a aportar sus ideas y ganas de trabajar, teatreros de la ciudad se vincularon a los proyectos por una temporada: Berenice Piedrahíta, Tania Maza, Moisés Rocha y Alci López; fueron personas que, aunque no estaban presentes y activos en forma permanente, siempre acompañaron al grupo en el momento de montar las obras y las funciones.

En ese ir y venir de funciones, proyectos y, por supuesto, diversión, conocieron a Gustavo Tatis, quien en ese momento hacía una campaña para rescatar el parque Fernández Madrid. Había organizado una “toma” para recuperar el parque, en ese tiempo invadido por la droga, el malevaje y la prostitución. Era un lugar que la comunidad había perdido. Así pues, con Gustavo Tatis y otros habitantes del sector, se organizaron unas jornadas artísticas llamadas sábados culturales, una especie de celebración artística para congregar a las personas del sector.

El grupo montaba sus obras de títeres y el parque se llenaba de gente de todas las edades y adquiría vida. El proyecto duró un año, pero se dividió en dos etapas, cada una de seis meses; la segunda estuvo a cargo de Trotasueños, con funciones permanentes. Fue precisamente allí, en medio del gentío y de una agenda apretada de obras y el ajetreo de mil detalles, en donde nació la idea de hacer un festival de títeres. “Cada paso que damos tiene algo de Pacho, cada detalle del festival también”, recuerda Julia, nostálgica.

En el año 2000 Trotasueños realiza el primer festival de títeres llamado 1° Titirifestival Cartagena. “Nosotros nos ilusionamos, porque pensábamos que en cada departamento había un grupo de títeres, pero qué va, eso no es así”, dice Eliécer. Fue por esto que decidieron recurrir a varias empresas locales en busca de patrocinios.

La experiencia de ese primer festival les enseñó que nada es soplar y hacer botellas y que las puertas por lo general iban a estar cerradas. Los patrocinios son escasos y esquivos y toca insistir una y otra vez para lograr los apoyos suficientes para sacar adelante un proyecto artístico. Vivieron en carne propia el viacrucis que sufren los artistas en un país que no tiene un proyecto nacional serio en arte y cultura; y los trotasueños del teatro, la música, la literatura y la danza tienen que acostumbrarse a ser unos trotamundos de la constancia, la paciencia y la persistencia hasta lograr los centavos que las entidades públicas y privadas destinan al arte como quien tira las sobras que ya no necesita.

En ese primer Titirifestival, a parte del grupo base, colaboraron muchas personas. El festival contó con la participación de un grupo de Barranquilla llamado Factoría de ilusiones y uno de Montería llamado Parapeto. Entre las principales actividades, estuvo un taller de dramaturgia dictado por el titiritero samario Alberto López de Meza, que se realizó en el Centro Cultural Las Palmeras.

Para el segundo Titirifestival, Eliécer comenta que tuvieron bastante publicidad, pero fue el año más endeudado del festival. Una amiga había ofrecido apoyo económico, les había dicho que donaría cinco millones de pesos, plata que nunca llegó a la exigua tesorería de Trotasueños. Julia concluye este impase: “Ese impulso que ella nos dio, nos ayudó a conseguir otros recursos, incluso yo presté en la cooperativa; además mucha gente nos prestaba plata, fueron personas importantes en ese instante que estábamos apurados económicamente y a punto de volvernos locos. Hacer el festival es costoso”.

En esa época hacían el festival en el Centro Cultural Las Palmeras, en el Centro Comercial Los Ejecutivos y en algunos colegios. Al año siguiente, Gustavo Tatis ofreció el café-arte llamado Imagina Arte Café que tenía en esa época en la calle Don Sancho, en el centro histórico. Allí se realizaron algunas funciones del tercer festival.

Una característica del Titirifestival es que en cada edición participa un artista plástico para que les done una obra, específicamente la elaboración del afiche promocional. Sin embargo, el quinto festival no contó con afiche, “ese año tuvimos fue un mural”, comenta Flor.

En el sexto festival surgió una alianza entre grupos y proyectos de Cartagena, Bogotá, Medellín, Popayán, Palmira y Apartadó. De allí nació Colombia Títeres, una asociación que se encargaba de gestionar recursos para llevar grupos a cada una de las ciudades y poner a circular otros por fuera del país. De esa alianza, que aún se mantiene, se retiraron tres grupos: Bogotá, Palmira y Apartadó, los demás continúan. Han ganado varias convocatorias nacionales e internacionales para financiar los festivales.

Al día de hoy, con 18 versiones del Titirifestival realizadas han sido 27 grupos extranjeros y 52 nacionales que han participado del festival. Y ha tenido un público de más de cien mil espectadores en su corta historia. Paralelo al Titirifestival, se ejecuta un programa que iniciaron a partir de los juegos centroamericanos y del Caribe en el año 2005, llamado Modelo de Intervención para el Fomento de la Civilidad.

Comenzó en instituciones educativas ubicadas en poblaciones aledañas a la vía perimetral, como Omaira Sánchez, San Felipe Neri y El Hoyo; esta última, ha marcado el proceso: “El Hoyo es un lugar muy peligroso, venden mucha droga y nosotros estábamos allí metidos. En la escuelita, en la cancha, en muchos lugares venden droga, allí trabajamos bajo amenazas, los tipos que vendían la droga nos dijeron que estábamos usurpando su territorio”, anota Eliécer.

Decidieron salir de ese lugar y siguieron trabajando en los demás colegios adscritos al programa por un par de años más. Luego, en 2008, cambiaron de zona y están situados en San Lucas, San Juan de Damasco y El Rosedal, “Estas instituciones nos han acogido mucho, acá hay otras problemáticas, mientras que en las otras vendían droga, los niños no consumían, simplemente tenían comportamientos diferentes” comenta Flor, “mientras que acá, hemos encontrado que los niños consumen y venden droga en las instituciones educativas” agrega.

A todas luces, este proyecto es imposible de hacer para toda la población de una ciudad, por lo que se viene haciendo con 40 niños por cada institución, buscando la convivencia pacífica, mostrándoles otra posibilidad de vida… otro camino, ampliando su visión más allá del lugar donde viven. En estos barrios también se corren riesgos, pero el grupo sigue trabajando y haciendo las funciones de títeres, tomando los cuidados necesarios para evitar percances.

Con una propuesta escritural basada en la improvisación, que les permite encontrar una forma creativa para la expresión de los muñecos, determinar la iluminación, el montaje, los sonidos, entre otros aspectos; y una propuesta estética cimentada en la técnica de guante, que según Eliécer es la más expresiva y llena de posibilidades para lograr importantes movimientos. Trotasueños llena de color la vida de niños y jóvenes.

Adicionalmente, Trotasueños adelanta otro proyecto que consiste en el montaje de obras de títeres con las que se busca promover los valores y derechos de los niños. Cuentan con obras como Don Roque El Investigador y El Conejo Goloso, cuyas temáticas son problemáticas sociales como el desempleo, la prevención de enfermedades y de embarazos a temprana edad, así como el rechazo de drogas psicoactivas; demostrando que mediante el teatro de títeres se puede lograr no solamente crear espacios para la lúdica y el encuentro social, sino también abrir una puerta de cambio a las vidas de estas personas.

De eso se trata Trotasueños, de llevar la magia del arte a lugares y personas que la desconocen, y montarlos en un maravilloso viaje de fantasía y teatro.

Eliecer, Francisco y Flor, Premio San Simeón 2012

En las tablas: crónicas de teatreros de la ciudad de Cartagena es el título de la tesis de grado que dio vida a esta crónica, autoría de la comunicadora social Yesselis Barrios Pineda, escrita originalmente en 2018.

Fotografías: Todos los derechos pertenecen a Trotasueños Cartagena
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