Alemania,  Textos de autor

El hijo de Johanna Schopenhauer

Durante muchos años el famoso filósofo alemán Arthur Schopenhauer sólo fue conocido como “el hijo de Johanna Schopenhauer” (1766-1838). Ella era la célebre de la familia. Arthur era nada más un muchacho excéntrico, insoportable y con aires de grandeza, que le caía mal a casi todo el mundo. Johanna era una niña talentosa y estudiosa que quería dedicarse a la pintura. Cuando le rogó a su padre que la enviara a estudiar bellas artes en Berlín, este reaccionó indignado diciendo que era imposible que una señorita destinada a esposa, madre y ama de casa pudiera caer tan bajo como para dedicarse a ese tipo de trabajo. Así que Johanna no se hizo pintora, pero unas décadas más tarde, la muchacha obediente se convirtió en una escritora de renombre en su tiempo, que colaboraba con revistas literarias y artísticas cobrando honorarios, algo totalmente inusual para una mujer en ese entonces. Era amiga de Goethe, y tenía un salón en su casa de Weimar en el que se reunían con regularidad artistas, poetas e intelectuales de aquella llamada Edad de Oro de la ciudad de Weimar. El salón de madame Schopenhauer era tan famoso que se lo mencionaba en las guías de viaje alemanas como una curiosidad digna de saberse.

Cito una carta de Johanna a su hijo, de noviembre de 1806, hablándole de su salón: “El círculo que se reúne a mi alrededor los domingo y jueves no tiene parangón en Alemania ni en ninguna otra parte. Tomamos té, charlamos… Nuevas publicaciones, dibujos, composiciones musicales, todo se trae a mi casa; aquí se comenta, se pondera, se ríe, se elogia, según parezca; cualquiera que tenga algo nuevo lo trae consigo. La Bardua dibuja la caricatura de alguien, Goethe se sienta ante su mesita, pinta y habla. La gente joven interpreta música en la habitación de al lado, quien no tiene ganas no la escucha; así dan las nueve y todos se separan con la intención de volver la próxima vez. Esto sí que es vida, ¿verdad?”.

Gabriele
Gabriele, la novela más exitosa de Johanna

Las novelas, relatos y libros de viaje que escribía Johanna se convertían pronto en best sellers, y alcanzaban tirajes considerables para la época. Y aunque es verdad que estas novelas sentimentales, de amores desgraciados, no sobrevivieron bien el paso del tiempo, a sus biógrafos no les ha pasado desapercibido que los personajes femeninos de esos libros -mujeres jóvenes obligadas a casarse con maridos a los que no amaban- expresaban la propia frustración de Johanna. Ambientadas en el medio burgués al que pertenecía, las novelas describen bien la sociedad de la época. Se casó a los 19 años con el casi cuarentón, pero muy rico, Heinrich Floris Schopenhauer. Johanna tuvo la suerte de que su marido no llegara a viejo (murió a sus 58 años) liberándola a ella, que apenas rozaba los 40, de las cadenas del matrimonio.

Existen varias biografías de Johanna que dan una imagen balanceada de ella como mujer de cultura abriéndose campo en un mundo todavía reservado casi exclusivamente para los hombres. De hecho, ella fue la primera autora alemana que adoptó la escritura como profesión. Por eso se sabe que fue una de las primeras mujeres liberadas de la época, que ganaba su propia plata con la venta de sus libros, y que fue buena madre, estimuló la pasión por las letras y las artes que demostró Arthur desde niño. Mientras su madre era feliz y exitosa, el hijo se fue transformando en un joven insatisfecho, melancólico, amargado, sumido en una crisis existencial. Mientras su madre se codeaba con Goethe de igual a igual, el gran poeta nunca mostró interés por el hijo taciturno de su amiga. Según Rüdiger Safranski, citado por Moreno Claros en su biografía de Schopenhauer, esto debió mortificar mucho al petulante muchacho porque admiraba profundamente a Goethe y quería ser su amigo.

Arthur_Schopenhauer_Portrait_by_Ludwig_Sigismund_Ruhl_1815
Schpenhauer – Retrato de Ludwig Sigismund Ruhl, 1815

Sin embargo, cuando muchos años después, el genio del hijo oscureció definitivamente cualquier talento de la madre, se fue imponiendo una imagen despectiva de la personalidad de Johanna. Según Moreno Claros, fue Arthur Hübscher, gran conocedor, admirador y biógrafo del filósofo, quien más contribuyó a fomentar una idea negativa de Johanna. Por suerte, biógrafos posteriores de Schopenhauer, como Safranski y Carola Stern, lograron cambiar esa mala imagen, presentándola en cambio como una mujer ingeniosa y creativa, apasionada de la libertad y de la tolerancia. También el escritor Irvin D. Yalom, admirador de Schopenhauer, en una preciosa novela en la que recrea las ideas del filosófo, señala que fue gracias al estímulo de Johanna que su hijo pudo dedicarse a la filosofía, ayudándolo a liberarse del compromiso moral con su padre, a quien Arthur había tenido que prometer que se dedicaría al comercio.

Las relaciones entre madre e hijo comenzaron a deteriorarse después de la muerte del padre. Una muerte ‘oportuna’ de la que, como hemos dicho, también Arthur se benefició pues le permitió dedicarse a las lenguas clásicas y entrar a la universidad, como quería. No obstante, el hijo no perdía oportunidad de hablar mal de ella. No aprobaba su estilo de vida, la acusaba de narcisista, y de gastar la herencia que el padre les había dejado a él y a su hermana Adele.

Caroline_Bardua_-_Johanna_&_Adele_Schopenhauer_(1806)
Johanna y Adele. Cuadro de Caroline Bardua

Johanna, por su parte, tenía también su carácter. Le gustaba figurar, y, como es de suponer, una persona de su posición social despertaba toda clase de comentarios y antipatías. Algunos decían que era una charlatana, que le gustaba acaparar la atención y convertirse en el centro de las reuniones. Carolina von Humboldt, la esposa de Wilhelm, dice “A esa Schopenhauer la odio de verdad. Una dama de tan vasta erudición es un tormento”. Con la sugerencia de que tal erudición era más aparente que real.

Moreno Claros trae una anécdota tremenda que subraya el grado de competencia y enemistad al que llegó en cierto momento la relación entre madre e hijo. Arthur se presentó un día en casa con un ejemplar de su tesis doctoral, De la cuádruple raíz del principio de razón suficiente. Johanna, burlona, le preguntó si se trataba de un escrito para farmacéuticos. Él reaccionó furioso diciendo que esa obra de la que ella se burlaba era una obra filosófica que se seguiría leyendo cuando de los libros que ella escribía no se encontrase ya ni un solo ejemplar en ningún trastero. La madre se agrió y a su vez replicó: “Sí, pero de tu libro se encontrará aún la primera edición entera”. Era sabido que los libros de Arthur no se vendían. Mientras que para esas fechas la obra completa de Johanna fue publicada en una edición de veinte volúmenes que se agotaron.

BustoSchop-Ney
Busto de Schopenhauer hecho por la escultora Elisabet Ney

En efecto, durante la mayor parte de su vida, Schopenhauer fue lo que hoy se llamaría un loser, un perdedor. Todo lo que emprendía le salía mal. Sus libros no vendían más de unos pocos ejemplares, la fama a la que tanto aspiraba, no llegaba; a sus clases solo asistían unos pocos alumnos. Esto último se debió en gran parte a que el muy arrogante Schopenhauer, un total desconocido en el medio universitario, criticaba fuertemente a Hegel (por pomposo e ininteligible), que era en ese entonces como criticar a Dios. Toda su vida fue gruñón, misógino y cascarrabias. Ya de viejo, un día le confesó a la escultora Elisabet Ney** que su odio a las mujeres provenía de que había tenido una madre “horrible”. Sólo en los últimos años de su vida, en su vejez, Arthur alcanzaría fama como filósofo. Y el tiempo le daría la razón en sus palabras sobre Johanna.

En 1814 madre e hijo se despiden en los peores términos. En carta de ese año a Arthur, en la que ella se queja de la desconfianza y de la censura que él ejerce sobre su vida, y del desprecio que él mostraba hacia las mujeres, Johanna escribe: “La puerta que con tanto estrépito cerraste ayer después de comportarte tan indignamente con tu madre ha quedado sellada para siempre entre tú y yo”. No volvieron a verse nunca más.

Después de 1830 -según algunos, especialmente después de la muerte de Goethe- el brillo literario de Johanna comenzó a declinar. Murió en 1838, y se dice que Arthur recibió la noticia con aparente indiferencia. Sin embargo se sabe que siempre conservó entre sus pocas pertenencias, pues era un hombre austero, un retrato al óleo de Johanna. Los relatos y novelones de Johanna no sobrevivieron la segunda mitad del siglo XIX. Su fama se evaporó con el tiempo, y “la escritora Schopenhauer ha quedado como una anécdota en la historia de la literatura alemana”, que cuando se la menciona es por la sola razón de que fue la madre del filósofo Arthur Schopenhauer.

Así pues, al final él dejó de ser el ‘hijo de Johanna’ para convertirse ella en la ‘madre de Arthur’. Pero si se comparan las dos vidas, la de ella, con su renombre, su prestigio social, sus bien vendidos libros, un salón en el que brillaba, fue mucho más feliz y exitosa que la de él. Arthur Schopenhauer fue un hombre amargado, su vida fue desgraciada, y sólo conoció los placeres de la fama en los últimos años de su existencia. Le tomó tiempo al mundo reconocer la genialidad de este gran pensador pesimista. (Brillante a pesar de su misoginia). “Un pesimista es un optimista en plena posesión de los hechos”, escribió.

Es verdad aquello de que más vale tarde que nunca. Pero lo malo de que las cosas lleguen tarde es que duran poco. El hijo no tuvo oportunidad de disfrutar de su fama tanto como su madre disfrutó de la suya. ¿De qué le sirve a los muertos que sus libros se sigan vendiendo y leyendo? Dentro del mejor espíritu schopenhaueriano, no sirve de nada.

Con información sacada de Schopenhauer, una Biografía (2014), de Luis Fernando Moreno Claros. A propósito de la relación entre Schopenhauer y la escultora Elisabet Ney, Fernando Savater escribió El Traspié. Una tarde con Schopenhauer, una comedia filosófica en la que Ney, una joven y talentosa artista, conversa con el viejo filósofo pesimista mientras trabaja en su busto. Según Savater, gracias a su relación con Ney, el gran misógino parece revisar su opinión sobre el género femenino.

 Ilustración principal de portada: Welt. de
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Todo me interesa... en mayor o menor medida. Amira Armenta comenta sobre temas de actualidad política, cultural y social.

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