Economía y Política,  Entrevistas

Crónica de una colombiana refugiada en Argentina

Hace 13 años la vallecaucana Yamilet Figueroa Córdoba salió de Colombia acompañada de varios miembros de su familia, entre ellos, su madre, esposo, dos hijos, un hermano y su respectiva familia. En total 11 personas abandonaron ese país porque sus vidas corrían peligro.

Era el año 2007 y el expresidente Álvaro Uribe ejercía su segundo mandato. Entretanto, para estas personas, el destino más cercano, además de seguro, fue Ecuador. Allí permanecieron por varios años hasta que, en septiembre de 2013, Yamilet llegó con su esposo e hija a la Argentina, país que le otorgó, después de muchos trámites y dilaciones, el estatus de refugiados.

La he citado un sábado en la tarde en el emblemático Parque General San Martín de la ciudad de Mendoza. Son las cuatro, hora en que amigos, compañeros de trabajo y familias empiezan a juntarse en diferentes puntos. Nosotras acordamos que el Lago era el lugar más adecuado porque siempre ofrece un fondo lindísimo para tomarse fotos. 

 Además de contarme su historia, me hablará del grupo de danzas La Tambora, que fundó en 2016 en esta ciudad con el propósito de hacer visible la cultura y el folclor colombiano en la denominada Capital Internacional del Vino.

Durante el primer año en Mendoza, “La mona”, como le dicen amigos y conocidos, empezó a estrechar lazos de amistad con otras familias colombianas que fue contactando por medio de las jornadas que realizaba el Consulado Móvil cuya sede principal se encuentra en la Ciudad de Buenos Aires, hasta que en 2016, en el marco del segundo Encuentro Nacional de Redes de Migrantes en Argentina, crea la Asociación Civil colectividad de Migrantes colombianos en Mendoza, con el apoyo de otros conciudadanos.

“Por eso me nació la idea de crear el grupo porque cuando llegas a otra partes nadie te conoce, nadie te ayuda ni te dice venga para acá yo la guío, así sea para hacer el DNI (Documento Nacional de Identidad), por eso me surgió la necesidad, yo dije aquí hay que unirnos, convocar y empecé a convocar a todo el mundo por Facebook y realmente la gente me respondió.”

En su página de Facebook, la organización que cuenta con personería jurídica, establece como objetivo promover la integración de la colectividad colombiana, la difusión de la cultura, danzas, gastronomía y colaborar con lo social.

Antes de establecerse en la provincia de Mendoza, para Yamilet Figueroa que también residió tres mes en Perú, no fue sencillo vivir como refugiada en la ciudad de Cuenca, Ecuador. La integración social en ese país resultó ser incluso traumática según dejan ver sus palabras: “Allí vivimos cinco años, pero no están seguros los refugiados. Allá no quieren al colombiano. Hay mucha xenofobia y mi esposo, mi sobrino y mi hermano cayeron en unas redadas contra inmigrantes

De acuerdo a las cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), a la fecha hay 79,5 millones de personas desplazadas en el mundo, de las cuales 26 millones tienen estatus de refugiados. Sus derechos se encuentran amparados bajo la convención de 1951, que tuvo lugar en Ginebra, Suiza, la cual definió como refugiado a  toda persona que “debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad  y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país.”

Las estadísticas del Portal de Datos Mundiales sobre la Migración muestran que hasta el 2020 en el mundo hay más de 3 millones de colombianos que viven por fuera de su país, de los cuales 190.000 tienen estatus de refugiados, entretanto son cerca de 75.564 quienes estarían solicitando asilo en algún lugar del mundo.

Durante la última década, la emigración colombiana según las cifras oficiales tiende al crecimiento, alentado sin lugar a dudas por el conflicto interno que vive el país desde mediados del siglo pasado, el cual  ha desencadenado en constantes desplazamientos forzados internos y el recrudecimiento de las distintas formas de violencia llevadas a cabo por variados actores armados y grupos de delincuencia organizada que tienen presencia tanto en el campo como en las grandes ciudades.

Si a lo anterior se suma la violencia ejercida desde el Estado tenemos que “Colombia es el único país en el continente con un éxodo sostenido durante los últimos treinta años por causa de la violencia política”. Así lo afirma la investigación Suramérica y los refugiados colombianos publicada en la Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana en el año 2014.

Haciendo memoria: el país donde todo pasa y al mismo tiempo no pasa nada

Mientras las chicas que integran el grupo de Danzas la Tambora, se maquillan ataviadas con un llamativo y alegre vestuario tradicional del folclor colombiano, para lo que más tarde será una colorida sesión fotográfica, busco desentrañar la historia que hay detrás de la llegada de Yamilet a Mendoza. Empiezo a indagar sobre las causas que la llevaron a salir de su país.

Yamilet Figueroa con su madre, esposo, e hijos en Mendoza, Argentina

Yo trabajaba como policía, entonces tenía mucho poder y mucho mando. Era policía de tránsito en Jamundí.  Vos sabés que el machismo, el hecho de que una mujer mande a 15 hombres, todos querían ser jefes, fuera de eso mezclale el paramilitarismo, la guerrilla, los matoncitos de a peso, la delincuencia común, todo eso se va sumando. Todo recaía en mí por ser jefe y empiezan las amenazas”

“La Mona” agrega que años atrás, exactamente en 1997, su padre, Arley Figueroa Carmona fue asesinado en época post electoral. Afirma que eran dueños de una empresa de taxis y muy apreciados por la comunidad por el trabajo que venía realizando desde un ámbito político.

 De este inolvidable acto de violencia quedaron muchas conjeturas y nada de certezas,  asimismo como sucedió con las amenazas que llegaron en forma de panfletos a su casa.

“Nunca se supo nada, porque en Colombia nunca se sabe nada. Porque ellos simplemente te dicen hay que esperar, hay que esperar y yo viendo que allá no hay respaldo para ayudarte porque te dicen es cuando te hagan algo te ayudamos, entonces sí querían que a mí me pasara algo a pesar de tantas demandas que coloqué en la Fiscalía, en la Procuraduría, hasta un compañero de trabajo,  y nunca pararon bolas, entonces por eso pensé que la mejor solución era irnos y era la mejor solución porque yo pienso que si estaría en Colombia…No, yo ya no existiría ni mi familia”, finaliza con tono contundente.

Sobre las intimidaciones que recibió en diferentes ocasiones,  a través de volantes firmados por un supuesto frente de las FARC, todavía encuentra un manto de dudas. “Yo también pensé que allí habían muchas manos metidas de todos lados, sino que ellos eran los más visibles para poder enviar panfletos. Me pedían que me fuera de allí, a la última me declararon objetivo militar, un día se trataron de llevar a mi hijo, a mi mamá, un día a mi esposo, a mí me mantenían siguiendo”

El testimonio de Yamilet Figueroa se parece a las historias contadas infinidad de veces por diferentes narradores. En las cuales se repiten hechos similares y el final siempre tiende a ser el mismo. Ese final aunque ella no lo menciona directamente tiene nombre propio: Impunidad.

De acuerdo al estudio índice Global de Impunidad Colombia 2019, auspiciado por la Universidad de Las Américas de Puebla: “La impunidad es un fenómeno que se presenta en niveles elevados en Colombia, el 57% de departamentos se clasifica en un nivel alto o muy alto de impunidad y sólo el 9% se encuentra en un nivel bajo”.

En ese contexto, las persistentes amenazas y asesinatos de líderes sociales en Colombia presentan un alto crecimiento desde el 2016, según un último informe presentado a principios de este año por Human Right Watch. Frente a ello, las organizaciones de derechos humanos internacionales suelen mostrar preocupación a través de un discurso que generalmente se acompaña con alarmantes cifras, un discurso que hace recomendaciones muy bien fundamentadas pero no logra sensibilizar ni movilizar a los gobernantes de turno y a las instituciones encargadas de resguardar los derechos civiles.

Ha pasado más de una década desde que Yamilet y su familia salieron de Colombia bajo amenazas. Esta clase de historias se repiten casi siempre con los mismos patrones: Indiferencia y abandono estatal sistemático, sólo varían las víctimas. No todas pueden buscar refugio internacional, prueba de que en el país suramericano la llama del fuego de la violencia en todas sus formas está más viva que nunca.

Ser inmigrante, ser un refugiado

Vestida con su traje de cumbia, llevando los colores amarillo, azul y rojo, Yamilet posa para la cámara sosteniendo alegremente un cartel vertical con el fondo de la bandera colombiana. Es el cartel que publicita a la Asociación y al grupo de danzas La Tambora, poniendo a la vista del espectador las comidas típicas de su tierra natal: Buñuelos, empanadas, bandeja paisa, patacones, tamales…todo un país siendo apreciado desde sus diferentes sabores que intentan ser reproducidos en esta parte de Suramérica, cada vez que los miembros y socias de la colectividad participan en un evento gastronómico o cultural.

Fotografía: Soad Rodríguez

Su hermano, Arley Figueroa y su madre Ángela Córdoba fueron los primeros en llegar a tierras argentinas, después de pasar por experiencias poco alentadoras en Ecuador.

“Allá se vieron un poco de cosas porque allá no quieren al colombiano, entonces hay mucho seguimiento, mucha xenofobia y metieron a la cárcel a todo el mundo, más a los colombianos, entonces en unas redadas cayó mi esposo, mi hijo, mi sobrino, mi hermano y siempre salíamos y volvíamos en las mismas, pero qué pasó que ya a lo último a mi hermano lo detuvieron más de un mes y medio, entonces debido a todo eso…

-¿Por qué lo detuvieron tanto tiempo?

“Porque hacían redadas de extranjeros y caían colombianos y porque él nunca pudo demostrar que  tenía un lugar fijo para vivir porque todos vivíamos en una sola casa y el contrato estaba a nombre de mi esposo, entonces él salía porque podía demostrar que tenía algo sólido, pero a mi hermano lo dejaron más tiempo. Cuando salió de la cárcel simplemente dijeron señor Arley no pasa nada, nos equivocamos, con eso fue suficiente pero nunca miraron el daño moral que le hicieron a mi hermano, entonces nos fuimos separando porque a ellos los mandaron para Argentina, pero yo no me quise venir para acá”

Cuando Yamilet expresa que a su madre y hermano los mandaron a Argentina se refiere a que fueron reasentados como refugiados en este país.

En el año 2008, Ecuador bajo el proyecto político del entonces presidente Rafael Correa reformó la constitución y como consecuencia de ello cambió su enfoque sobre las cuestiones de inmigración y refugiados. En el documento que engloba la política ecuatoriana en materia de refugio y que data de ese mismo año se expresa lo siguiente:

“En todo momento es necesario recordar que las y los emigrantes son seres humanos, y que las y los refugiados son el sector más vulnerable de esta población. La República del Ecuador, que  históricamente ha mantenido como política de Estado un irrestricto respeto a los derechos humanos, tiene un fuerte compromiso de protección a favor de este importante grupo de ciudadanos extranjeros”

Reconociendo la grave situación de desplazamiento interno y externo en Colombia que desencadenó la emigración de muchas personas hacia el país vecino huyendo del conflicto armado, Ecuador ofreció asilo y refugio a muchas familias. De acuerdo a las cifras de Acnur, a la fecha hay 102.928 colombianos refugiados en Ecuador, siendo el país latinoamericano que más ha otorgado asilo a esta población.

Sin embargo, ser inmigrante y además ser refugiado no sólo significa que un país abra las puertas y se comprometa a la no devolución o deportación, la interacción con la nueva sociedad a la que debe integrarse el migrante puede y suele ser frustrante, llegando incluso a la vulneración de sus derechos, por eso Yamilet mencionó esa palabra que tanto disgusta y hasta parece un eufemismo: Xenofobia.

“Allá hay  mucho odio hacia el migrante, cualquiera, y más hacia los colombianos que estamos tan cerquita en la frontera. Ellos te dicen palabras feas. Por ejemplo chucha es una palabra fea. Te dicen chucha qué venís a hacer acá a quitarme mi trabajo, entonces a uno le toca quedarse callado porque realmente no hay organismos que te defiendan, sí te ayudan con comida, pero falta más apoyo moral. Allá nos sentíamos muy solos, muy desprotegidos”

En los zapatos de los refugiados, el informe de la ACNUR realizado en 2011 que buscaba ofrecer protección y soluciones a los desplazados colombianos en Ecuador confirmó las constantes discriminaciones y tratos xenófobos a los que se exponía esta población, dificultando el acceso al empleo y la vivienda. Además, agrega que las mujeres y los niños son especialmente vulnerables.

“Hay el paradigma de que todo el mundo cree que la mujer es una puta, una zangana, es una prostituta que se va a vender o que el hombre es narcotraficante, entonces nos aceptaban que porque somos hermosas, por lo berracas, pero realmente te bajan la moral porque creen que sos una cualquiera”.

El rechazo que describe Yamilet, los prejuicios, las palabras ofensivas y malos tratos son situaciones que viven muchos migrantes y refugiados de cualquier nacionalidad como los venezolanos que hoy son la población más desplazada de Latinoamérica, los mexicanos que buscan un mejor porvenir en Estados Unidos, Los sirios y africanos que arriesgan su vida en el Mediterráneo o en el desierto del Sáhara para llegar a los países europeos. Es la dinámica que fluye por ser migrante, por ser refugiado y que se recrudece cuando también se es pobre.

Dinámicas migratorias

La licenciada argentina en Ciencia Política y Administración Pública, Coordinadora del programa Acompañamiento Migrante Integrar de la ciudad de Mendoza, Giuliana Guzzo señala que en el contexto de actual pandemia “Se han seguido produciendo movimientos poblacionales afectados además por los efectos de la pandemia y en un contexto complejo  de políticas restrictivas de diversos países. En ello se destaca la migración venezolana con datos relevantes y que además produjo en nuestra región un cambio de rol en algunos países que históricamente habían sido expulsores y que ahora son receptores como Perú, Bolivia y Paraguay, y  países como Argentina, Colombia y Brasil. Receptores que han generado políticas y disposiciones especiales.”

Con la implementación de acuerdos como Mercosur en 2009,  países de la región como los citados por Guzzo han facilitado en los últimos años la libre circulación de personas concediendo a los ciudadanos de los países que hacen parte del acuerdo el derecho a obtener la residencia legal. Brasil y Argentina han recibido gran parte de la población migrante de Bolivia, Paraguay, Venezuela y Colombia.

Más del 80% de los refugiados colombianos se encuentran hoy en América del Sur, de acuerdo a los datos de la investigación publicada en la Revista Interdisciplinar da Mobilidade Humana.

Giuliana Guzzo, Coordinadora del programa Acompañamiento al Migrante. Foto: Redacción.com.ar

Pese a que se han facilitado los mecanismos para residir en otros países suramericanos, persiste una contradicción entre las políticas que buscan la integración regional y las acciones de algunos gobiernos. En el caso de Argentina, Guzzo afirma que existen restricciones en torno a los tiempos de residencia permitidos para que el migrante y refugiado pueda acceder a políticas sociales como el IFE y AUH que otorga ayudas económicas a las poblaciones desempleadas, de escasos recursos y a las familias con hijos menores de edad, asimismo se restringe la participación político electoral.

Respecto a la xenofobia de la que habló Yamilet, la Licenciada Guzzo sostiene que los medios hegemónicos de comunicación tienen gran responsabilidad en ello:

“Sobre esto Grimson expresa que los medios han generado operaciones discursivas en contra de los migrantes y vemos como actualmente se evidencia esta representación despreciativa en situaciones como la ocurrida recientemente en un reconocido programa de televisión con alcance nacional, que realizó una encuesta en vivo preguntando si la población estaba o no de acuerdo con la habilitación de vacunas a migrantes. Una medida tomada en Provincia de Buenos Aires.”

La Historia y hechos recientes en el mundo nos sigue demostrando que la población migrante y extranjera suele ser el chivo expiatorio ideal de gobernantes extremistas y radicales, de figuras que buscan apoyo popular en épocas de elecciones como evidentemente ocurrió con el expresidente de Estados Unidos Donald Trump quien fundamentó gran parte de su proyecto y discurso político en contra de los migrantes centroamericanos.

Un nuevo proyecto de vida

Ya llevamos varios minutos en la sesión fotográfica y un transeúnte argentino se acerca con su familia pidiendo amablemente ser fotografiado con las chicas; una vez logrado el objetivo, les agradece comentando que están muy lindas y que le agrada mucho el vestuario que llevan, circunstancia que aprovecha Yamilet para extenderles la invitación a participar en el grupo si desean conocer o aprender a bailar las danzas colombianas.

Conformado en su mayoría por mujeres, el grupo La Tambora no pasa desapercibido mientras lleven puestos los trajes que por sus colores y diseño son la expresión más clara de una cultura que se caracteriza por la alegría y diversidad, lo cual se refleja en cada uno de sus integrantes que provienen de distintas regiones de Colombia.

Nicolle Jimenez, hija de Yamilet es la encargada de dirigir y coordinar los pasos de los bailes, emplear las técnicas, movimientos y por supuesto, crear las coreografías de cumbia, mapalé y currulao. La expresión de entusiasmo en su rostro es bastante notoria cuando habla de esta experiencia:

“Es difícil porque es primera vez que hago esto y porque hay niños. Bien difícil sabernos entender ya que todas hablamos diferente por más que seamos del mismo país, pero gracias a Dios hemos hecho una hermosa amistad entre todos, es como una familia más que un grupo”.

Un visitante del parque se toma una foto con las chicas del grupo La Tambora

Si bien las únicas que tienen estatus de refugiadas en el grupo son Yamilet y su hija, las demás comparten la vivencia de ser migrantes que encuentran satisfacción personal en representar la cultura de su país porque pese a que algunas llevan muchos años viviendo en Argentina, reconocen que no olvidan su tierra natal y las  costumbres que les enseñaron de pequeñas.

Me acerco a María Teresa Ochoa pensando que es una colombiana más del grupo, pero inmediatamente hace la aclaración que es de Lima, Perú y hace un mes se ha unido a la colectividad y al grupo de danzas que siempre es invitado a participar en los eventos culturales que se llevan a cabo en la ciudad de Mendoza como en los carnavales de las fiestas vendimiales.

“Me motivó porque quería bailar y más que nada estar con ese espíritu de alegría. Algarabía tienen acá, entonces eso me llamó más la atención, muy amistosas que son”

Hace unos años Yamilet perdió el timbre normal de su voz a causa de una operación que le realizaron en los pulmones y que le afectó parte de las cuerdas vocales, por eso pareciera que se esforzara en decir las palabras, lo cual no es impedimento para que de manera muy segura afirme que se siente muy bien residiendo en Argentina, aunque su madre, quien la trajo a vivir aquí, falleció en octubre del año pasado.

“Te cuento que si yo comparo Perú, Ecuador y Argentina, yo me quedo con Argentina, yo vivo muy agradecida con Argentina, no te voy a decir que todo el mundo es maravilloso, uno va a encontrar de todo, pero un gran porcentaje acepta al migrante aquí en Mendoza porque es donde yo mantengo…Yo soy muy feliz aquí en Argentina y más por mi grupo, estoy haciendo cosas muy diferentes a las que hacía en Colombia, salvo que estoy ayudando a la comunidad que es lo que más me interesa por el momento. Le debo mucho a Argentina porque aquí me operaron, aquí me salvaron mi vida, aunque perdí la voz por causa de la operación…Somos muy tenidas en cuenta como colectividad. Entonces qué pasa, yo aprendo y enseño a la comunidad, entonces por el momento, me quedo aquí, soy muy feliz y mi hija está estudiando aquí

-¿Qué extrañas de Colombia?

“Uno extraña muchas cosas de Colombia, la cultura, salir a la calle y encontrarse todos esos ruidos, todos los sonidos, nuestras comidas, nuestra gente, pero hay muchas cosas que me gustan de aquí, la tranquilidad, la forma de organización, todo lo que hacen en familia y uno aprende mucho de ellos, hay cosas que rescato de ellos.”

A la derecha, Guadalupe Méndez, nacionalidad argentina. A la izquierda: María Teresa Ochoa, de nacionalidad Peruana. Ambas bailan en el grupo La Tambora

Finalmente le pregunto: ¿Qué has aprendido de la cultura argentina?

“Que ellos todos los domingos se lo dedican a la familia. Me encanta eso y que ellos no trabajan ni los sábados ni los domingos, entonces se dedican mucho a la familia, a salir a pasear, ¿cómo?, no sé de dónde sacan plata ni me interesa pero me encanta eso y que aquí hay mucho parque y vos siempre los ves a ellos en cualquier época del año con la familia y amigos.”

Mientras me despido de las chicas, ellas continúan aprovechando el entorno del parque y su inmenso lago para  tomarse fotos en diferentes poses. Me acerco a un grupo de señoras, entre las que se encuentra la peruana María Teresa Ochoa y les digo: Estén pendientes que La mona les pasará el link cuando se publique la nota. Cuando me dispongo a marcharme, María Teresa, hace que me detenga un momento cuando pregunta muy interesada: ¿Y también la pueden ver en Perú? a lo que respondo con una sonrisa: Sí, en todas partes porque se va a publicar en internet.

Fotografía: Soad Rodríguez

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