Textos de autor

Ámame hasta que te mate

Escrito por Eduardo Viladés

Lo que mal empieza bien acaba. A los dos minutos de comenzar la representación de Las amistades peligrosas en Logroño, con lleno absoluto en el Teatro Bretón, los actores interrumpieron su trabajo porque el sonido era defectuoso: enlatado y emitiendo unos pitidos por los micrófonos que hicieron que parte de la audiencia, actitud muy de pueblo y fuera de lugar, todo hay que decirlo, recriminase desde sus butacas a los intérpretes con sonoros ¡No se oye! Pilar Castro, inteligentemente, decidió empezar desde el principio.

Pero el desarrollo fue fabuloso, con un soberbio Roberto Enríquez. No le había visto tan dispuesto desde El alquimista impaciente, la versión para la gran pantalla de la novela de Lorenzo Silva. Su vizconde de Valmont atrapa: le odias y le amas, le tirarías por un acantilado y, al mismo tiempo, te lo llevarías a una isla desierta.

Reconozco que la puesta en escena no me entusiasmó, muy del teatro contemporáneo, ahorrar costes con un decorado minimalista en el que varios actores puedan interpretar varios roles. Bien es cierto que la novela original tiene muchos personajes y el ahorro es el ahorro, pero hubiese preferido que se respetara más la escenografía original. Puede que sea muy tradicional o que la película de Stephen Frears o incluso la serie actual La Marquesa de Marteuil estén muy presentes en mi imaginario. Sea como sea, es un placer, como artista, dramaturgo y lingüista, ver que la pieza de Christopher Hampton basada en la novela homónima de Choderlos de Laclos se representa en España, pues tan sólo había podido ser vista en una ocasión.

Mismo caramelo, diferente envoltorio. Los temas que trata, a pesar de que la novela se publicó en 1782, en los prolegómenos de la Revolución Francesa, siguen estando de candente actualidad, en especial en un territorio mediocre y donde se ha institucionalizado la incultura como la nueva cultura como España: el abuso de poder, el consentimiento sexual, la corrupción, el enchufismo, la venganza, el miedo a decir la verdad, la libertad asistida, ver cómo avanzan los estúpidos y los brillantes son relegados a limpiar baños de gasolinera.

Cuenta una leyenda eslava que todas aquellas novias que mueren antes del día de su boda se transforman en espíritus deambulantes del bosque. Danzan por las noches atrayendo a todo hombre que encuentren a su paso y, obligándoles a bailar de la misma manera que ellas, sin descanso hasta el enflaquecimiento, de forma desenfrenada, los llevan a su muerte. Salen de sus tumbas porque su juventud reclama el deseo arrebatado de ser esposas y madres, el amor traicionado por la muerte temprana, ingrata. Se reúnen en grupos, se les ve como luces centelleantes que van cobrando sus formas, vestidas de blanco, un blanco que resplandece en la oscuridad de la noche, a la luz de la Luna y en medio del silencio y la oscuridad del bosque. Los hombres son sus presas y los atraen como sirenas cual ninfas para hacerlos bailar hasta robarles todo su aliento y energía, casi como vampiros que se alimentan de sangre. Y los hombres mueren porque la seducción es algo a lo que uno no puede resistirse, porque la belleza es un imán para los sentidos. Así piensa y actúa el personaje de la Marquesa de Merteuil, interpretado por Pilar Castro con un adorable cinismo.

La venganza. Es un sentimiento tan humano como malsano. Ya sea como forma de canalizar la ira o una manera de buscar una reparación a un agravio, se ha infiltrado como todas las emociones humanas en la historia de la literatura y el arte. Desde los clásicos, hemos visto a dioses y hombres descargar despechos y afrentas, transformando esa pulsación en grandes cimas de la literatura. Una de las primeras es La Ilíada, en la que se nos narra cómo Aquiles llora la muerte de su amigo Patroclo hasta acabar saciando sus ansias de venganza con Héctor, a quien mata clavándole un cuchillo. Esos ecos clásicos continuaron presentes en la literatura, siendo un tema recurrente en la obra de Shakespeare. En Hamlet está presente, al igual que en Otelo, en el que se nos muestra como los celos y las ansias de venganza pueden llegar a volver loco a un hombre. La venganza como un plato que se sirve frío, que se planea y se macera con el tiempo, tiene su ejemplo más claro y brillante en El conde de Montecristo. Alejandro Dumas nos embarca en la peripecia de Edmond Dantés, acusado injustamente de espía bonapartista y confinado en el Castillo de If. Ese tipo de venganza, la que viene motivada por asuntos sentimentales, nos ha dejado otras grandes obras. En Grandes esperanzas, Estella busca vengarse del género masculino por haber sido abandonada en el altar, y en Las amistades peligrosas la seducción es el vehículo elegido por la Marquesa de Merteuil, que se declara nacida para vengar a su sexo. Y lo consigue, pues Valmont, su antiguo amante y socio en sus perrerías libertinas, muere al final de la obra y ella, sin ningún tipo de pena, declara abiertamente que el juego tiene que continuar. Hagan sus apuestas.

Escritor, dramaturgo, director de escena y periodista con más de 25 años de carrera, referente de la cultura española contemporánea. Ganador de prestigiosos premios internacionales de teatro y literatura, Eduardo Viladés cultiva el teatro largo, de medio formato y de corta duración, así como la narrativa. Ha publicado dos novelas y prepara la tercera. Sus obras teatrales se representan en varias ciudades españolas, México, Colombia, Perú, República Dominicana y Estados Unidos. Elegido dramaturgo del año 2019 en República Dominicana y en 2020 en La Rioja a través del Instituto de Estudios Riojanos. Colabora asiduamente con sus ensayos, relatos y obras de narrativa con las editoriales Odisea cultural (Madrid), Canibaal (Valencia, España), Extrañas noches (Buenos Aires), Microscopías (Buenos Aires), Lado (Berlín), Otras Inquisiciones (Hannover), Primera página (México), Gibralfaro (Málaga), Windumanoth (Madrid), Amanece Metrópolis (Madrid) y Viceversa (Nueva York). Compagina su labor como dramaturgo y director de escena con el periodismo, área en la que cuenta con más de dos décadas de trayectoria profesional en diversos países del mundo como reportero, editor y presentador de TV. Ha vivido en Reino Unido, Italia, Bélgica y Francia. Hoy en día trabaja también para la revista Actuantes, la principal publicación española de teatro, lo que le permite combinar el periodismo con las artes escénicas. También es experto en periodismo cultural y documentales de sensibilización social, un artista polifacético.

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