Alemania,  Opinión

¿Cuánto cuesta la democracia?

«Ahora vienen aquí con sus límites de velocidad en las autopistas» dice, indignado. «¿Qué sentido tiene eso? Mi trabajo me obliga a conducir tanto que me lleva tres horas a la semana».

Reflexiono por un segundo. Por un lado puedo entenderlo. Le respondo que se trata de algo más que de intereses y demandas del público. Aunque también es cierto que hay otras formas mucho más eficaces de proteger el clima y es mucho más necesario actuar en otros lugares. Pero por otro lado, parece que los Tempolimit tienen demanda, es decir, son necesarios.

Me mira. «Lo que quiero decir es que yo pago mis impuestos y todo lo que quiero es vivir en paz y tranquilidad, hacer mi trabajo, nada más. Entonces, ¿por qué no pueden dejarme en paz?». Quizá lo que él quería decir es: «Elijo, luego existo».

Los sistemas democráticos gozan de una gran reputación en todo el mundo, en contraste con las formas de liderazgo que tienden a ser autocráticas. La democracia representativa y directa funciona muy bien. En Alemania, en particular, el sistema representativo es muy popular, mientras que sólo unas pocas personas quieren un liderazgo fuerte. Por un lado, esto puede deberse a nuestra historia y educación, todavía vivimos con el trauma de la dictadura.

Descontento frente al sistema

No obstante, existe un creciente descontento con la implementación de la democracia. Una estrecha mayoría en todo el mundo está recientemente descontenta con ella.

En la Unión Europea (UE) apenas predomina la satisfacción frente a este sistema, también en lo que se refiere a la política nacional, pero el porcentaje de los que «no están en absoluto satisfechos» con la democracia de la UE era del 40% en octubre de 2019. Fue incluso ligeramente superior en los distintos países europeos. En Alemania, en cambio, el 71% respondió con total satisfacción cuando se le preguntó sobre la democracia nacional. Por supuesto, las encuestas no representan a la población total, pero sí representan a la media nacional.

En la vida diaria, a menudo, te encuentras con opiniones críticas, personas que se quejan de los políticos y de lo que hacen, regañones persistentes o aquellos que quieren serlo. No sólo en los medios de comunicación, también en la vida cotidiana. ¿Quizás en este país a la gente le gusta refunfuñar? ¡Estereotipo! No aceptaré eso, no me conformaré con eso.

La política significa movimiento. Se basa en la participación de todos. Todo lo que hacemos tiene algún componente político: nuestras acciones tienen una consecuencia para el sistema al final del día, aunque sea microscópica. Cómo vivimos, lo que consumimos, lo que comemos, incluso cuando aparentemente no hacemos nada, es lo que hemos elegido hacer. Por eso no votar no es una opción para mí, no puedo elegir no involucrarme, de alguna forma, para apoyar mis intereses. Estos deben permanecer visibles.

El cambio permanente

Aquella persona, el conocido del cual les hablaba al principio, no entiende esto. Dice que sí lo comprende, pero no. Él desea un clientelismo político en el que pueda recibir un paquete ya preparado, algo que pueda comprar cada pocos años para luego no tener nada más de qué preocuparse, excepto de sus asuntos privados. Pero no es así como funciona la política multipolar, ni tampoco el mundo. Muy al contrario, el planeta está en constante movimiento, vivimos en constante cambio y la política también está sujeta a cambios permanentes.

Un partido representa sus intereses, con los cuales se puedo identificar idealmente en gran medida, y con un poco de suerte, tal vez, logre imponer la opción más ventajosa para sí mismo en el tira y afloje político. ¿Pero a quién tengo que explicarle esto? Si todo el mundo consiguiera siempre lo que quiere, probablemente sería un gran escándalo de corrupción. O quizá derivaría en un maravilloso cuento de hadas del que nos despertaríamos pronto. Pero incluso en los cuentos de hadas no todo va siempre según lo previsto, sino todo lo contrario. Antes de que el príncipe pueda besar a la Bella Durmiente, primero todo se prende fuego, tiene que abrirse camino a través de los arbustos frondosos de espinas y matar a un desagradable dragón. Al final, si el héroe supera todos los obstáculos, puede conseguir lo que quiere.

Nosotros también deberíamos volver a ser más activos en lugar de estar satisfechos con el status quo, porque es transitorio y ciertamente no es perfecto. Y si el príncipe no hubiera hecho un esfuerzo, probablemente se habría visto obligado a casarse con otra, atormentado, quizás, por la certeza de que la Bella Durmiente estaría aún atrapada en la torre.

Así que la democracia cuesta, pero podemos controlar los costos. Podemos luchar por nuestros intereses ahora y cosechar las recompensas después. O podemos sentarnos y tragarnos lo que se nos presenta. Y esto se aplica a todos los ámbitos: la votación, la vida cotidiana y todo lo demás que hacemos. Nada en la vida es un regalo y depende de la sociedad el modelar activamente su futuro. Esto se ve incluso en las máquinas que controlan y limitan la velocidad en las autopistas de Alemania.

Fuentes utilizadas:

Eurobarometer 2019
Pew Research Center: Umfragewerte global 2018/19
Pew Research Center: Umfragewerte global 2017

Fotografía cortesía: vhlf .org 

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Estudiante de Estudios Atlánticos en Historia, Cultura y Sociedad. Autora de los corazones. Procedente de Hanóver, Alemania. Intereses de investigación: comunicación política (estrategias de campañas electorales, populismo, estrategias negativas y anti-demócratas), conflictos políticos, procesos de paz y transformaciones democráticas.

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