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Eva Marie Echeverri Erk: «El tenis me ha enseñado que no tienes nada cierto»

Publicado por Roberto Cárdenas Jiménez

La coyuntura deportiva de los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 me posibilitó conocer la historia de Eva Marie Echeverri Erk, jugadora de tenis profesional italo-colombiana, cuyo devenir deportivo se sitúa a miles de kilómetros del escenario nipón, aquel que resulta sagrado para cualquier deportista de alto rendimiento. Desde Italia, Eva Marie, con trabajo y esfuerzo, anhela acercarse a esas metas y asistir algún día a tan prestigiosa cita.

Era una tarde tonta y caliente de verano. Casi 30 grados centígrados en Cremona, el sol derretía cualquier esperanza física de que yo me interpusiera en su camino. La puerta eléctrica del Centro Deportivo Stradivari seguía cerrada para mí. Los tres intentos en el intercomunicador fueron en vano. Nadie respondía. Pasados unos minutos, la puerta se abrió por arte de magia, aunque fuese, en realidad, gracias a un visitante que la abrió con su llave de socio. Aproveché esta situación para entrar sin aviso a la recepción del club. Se hacía tarde para mi encuentro con la tenista italo-colombiana de la cual había escuchado hablar por la ciudad.

Seguí las indicaciones exactas que Eva me había dado por el teléfono. El sonido de una pelota de tenis siendo golpeada por una raqueta ululaba, cada vez más, en mis oídos a medida que me acercaba a la cancha de cemento.

A lo lejos una chica imponía su presencia y deslumbraba por su fenotipo de atleta. Cabello largo y dorado, ojos claros. Su altura sobresaliente me hizo sentir como un nomo. Su indumentaria era corta y de color negro y blanco. Una gorra para apaciguar el asesinato masivo de luz ultra violeta, piercing plateado en su ombligo y una raqueta de color naranja que sostenía como si fuese su más preciado diamante. Se acercó a mí levantando la mano e indicándome que el entrenamiento ya había comenzado. Si yo quería hacer algún registro fotográfico, era libre de hacerlo.

Terminado el entrenamiento, comenzó lo verdaderamente interesante. Su historia. Las incógnitas y respuestas que la acompañaban. Quería saber el porqué de su cercanía con Colombia y qué diantres hacía en Cremona jugando al tenis profesional. No tenía tampoco claro si ella era colombiana o no.

Después supe que tiene 19 años y es tenista profesional. Nació en Cremona, Italia, gracias a la unión de sus padres, Richard Echeverri y Cosetta Viti. Su padre es un bogotano que decidió ampliar sus estudios de veterinario en el viejo continente. En lo fortuito del destino, coincidió con la que hoy es su pareja de toda la vida. La madre de Eva, en cambio, es jueza de tenis y traductora en el mismo club donde ella sigue practicando actualmente. Fue justamente la habilidad lingüística de la madre de Eva, su experticia con los idiomas inglés, español e italiano, la que la llevó a ocupar un cargo importante en el club. Eva, como es natural, ha ido más allá que su madre en cuanto a lenguajes: habla italiano, español, alemán, francés e inglés.

Juega al tenis desde los cuatro años. Su primer maestro le enseñó el amor por el tenis. Me cuenta que comenzó a hacer triatlón, natación, pero no estaba contenta hasta que intentó jugar al tenis. Desde pequeña había sido fuerte, grandota, más alta que las otras niñas de su edad. Ganaba por su físico, superaba en 20 centímetros a las demás. Eva mide 1.82 metros.

Su preparación como tenista la inició en Crema, una ciudad cercana a Cremona. Allí estuvo en el Tenis Club de Crema. Ha conocido varios países por motivos deportivos, de los cuales destaca Estados Unidos y Argentina, a éste último le tiene un particular aprecio.

Entendió que quería hacer del tenis como profesión a la edad de 14 años. Ninguno de sus padres practicó el tenis, pero les encanta verlo. La pasión por el tenis fue inoculada de madre a hija, cuando su madre era juez en los torneos internacionales que se disputaban en el Centro Deportivo Stradivari. Eva era una fiel espectadora del trabajo de su madre, pero decidió ser protagonista dentro de la cancha.

La colombo-italiana entrena siete horas cada día. No sale con sus amigos, debe comer bien, no se permite trasnochar o beber alcohol. “Simplemente no lo hago porque tengo un objetivo muy claro, por eso estoy sacrificando los años de mi adolescencia y juventud”, afirma con seguridad.

Su rutina de entrenamiento va de lunes a domingo. Se despierta a las seis de la mañana y tres veces por semana va a correr en ayunas. Esto, dice, le ayuda a activar más el cuerpo y así puede quemar la grasa corporal. Luego se va al gimnasio a realizar la rutina más importante del día. Eva Marie la denomina una rutina de movilidad: estirar, para evitar cualquier lesión. Después empieza con la parte física: cardio, fuerza, piques o pasadas. Luego trabaja en la técnica. Sus entrenamientos se dividen en ejercicio físico y entrenamiento de tenis.

Cuando tenía 12 años logró estar entre las mejores de Italia, pero en ese entonces no se daba cuenta de la importancia de ello. Jugaba para divertirse. Comenta que de los 14 a los 16 años, comenzó a ver el mundo del tenis real, coincidió con tenistas de China, Japón, Rusia y Norte América, y supo que más allá de Italia había deportistas de alto rendimiento, como ella, preparándose. Esto la motivaba a ser mejor y a estar lista para competir con cualquiera.

En 2019 pactó un acuerdo con la Federación Colombiana de Tenis para representar al país en la Fed Cup, un torneo femenino donde compiten las diferentes federaciones de tenis. Lamentablemente para Eva esto no pudo llevarse a cabo por culpa de una lesión que comprometió su hombro izquierdo. Fue un momento de bastante desilusión y angustia en su carrera. Por fortuna, el deporte da revanchas y la cuarentena la usó para ponerse a tope con la recuperación de su hombro y empezar la pretemporada.

Su debilidad, admite, es subestimar el valor de lo que puede hacer. Su fortaleza es no dejarse amedrentar, no dejar de luchar. Inclusive, dice, con frecuencia le dicen que debería modelar en lugar de jugar. “Estás perdiendo un montón de plata y tiempo”, le dicen algunos conocidos. Pero ella, cada vez que oye ese tipo de comentario, lo utiliza para volverse más fuerte en su disciplina.

Eva Marie pertenece a la categoría Next Generation en el tenis. Actualmente sus patrocinadores son: Head y Diamond Life. Su referente es Roger Federer, pues le parece increíble que con 40 años siga jugando, le gusta que aquel tiene clase, es elegante cuando juega y le parece una persona muy sencilla en el trato hacia sus seguidores.

Recuerda con terror una anécdota increíble en su corta carrera. Cuando tenía 14 años ella estaba jugando la final de un torneo y se encontraba en el Match Point. La mala suerte, dice, hizo que se rompiera el tobillo y su contrincante ganó sin competir ese último punto. Tuvo que abandonar el partido.

Imágenes cortesía - Archivo: Eva Marie Echeverri Erk
Imágenes cortesía – Archivo: Eva Marie Echeverri Erk

“En Colombia hay unos clubes hermosos de tenis y unos tenistas magníficos, sólo que las personas no tienen las mismas posibilidades que sí ofrecen acá en Europa, es por ello que apenas pueden se vienen para acá y se instalan. No es la mismo la cantidad de dinero que se maneja en las federaciones de Alemania, Francia o Italia, si se compara con el dinero que se gestiona y distribuye en Colombia. Sin duda hay diferencias”, resalta la tenista.

Para ella, el tenis colombiano está creciendo mucho en los torneos juveniles. Dice que los tenistas italianos nacen con talento y con todas las posibilidades y ni se dan cuenta de esas condiciones, a diferencia de los jugadores colombianos que nacen entre necesidades y resistencia, son luchadores, su contexto social los hace más fuertes.

“Hasta que tú no encuentres un patrocinador, practicar el tenis es una renta muy extensa. Todo lo debes pagar tú, inclusive se paga para que te pongan las cuerdas en la raqueta de tenis y hay gente que no tiene los medios para eso”. Actualmente, Eva se encuentra en el número 105 entre diez mil jugadores y esto le permite entrar a los torneos internacionales. Es la única tenista de toda la provincia, por lo tanto le dan más atención.

Tuvo la posibilidad de jugar con Federico Coria, número 80 del mundo, en un partido de calentamiento. Todo surgió improvisadamente. Él se acercó a ella y le preguntó si le gustaría jugar con él para calentar motores. A Coria le pareció que Eva Marie jugaba muy bien. También cuenta con orgullo que solía entrenar con Ljudmila Samsonova, en Roma, tenista que se sitúa en el puesto número 40 en la escala mundial de este deporte.

Sobre el tenis del pasado, ella opina que era más de mano, los jugadores no ejercitaban tanto la parte física, era más de técnica, de quién erraba menos. A día de hoy se trata de quién está mejor físicamente, de quién golpea más fuerte. Según su observación, los partidos de ahora duran menos que los de antes. En el pasado para hacer un punto duraban 20 o 30 pelotas. Ahora basta con tres o cuatro.

Su tenista de antaño favorito es John McEnroe. Destaca que era un loco total porque demostraba todas sus sensaciones en la cancha. “El tenis es un deporte muy elegante y en el pasado si tú demostrabas tu rabia o tus emociones de molestia, era mal visto y esto a él no le importaba. Rompía raquetas. Se hacía sentir en la cancha. Por eso me gusta”, se dibuja una sonrisa pícara en su rostro.

Para Eva la fuerza física, mental y la calidad técnica, es un 40%, 30% y 30% en el mundo del tenis. El aspecto mental es el más importante para ella. La técnica varía con la persona. “Todos jugamos de diferente manera, hay unos que juegan horrible al tenis y ganan todo y hay otros que son muy elegantes jugando, pero casi siempre pierden o no ganan absolutamente nada”.

Su golpe favorito es el servicio. Aprovechando la ventaja de su altura, se siente más segura haciéndolo. Puede sacar fuerte o lento, lo mismo sucede con su revés. Los defectos los encuentra golpeando con la derecha, pero, curiosamente, el golpe que más le gusta ver es el drive o golpe de derecha, porque es fluido y la pelota sale a 200 km por hora, dice.

Sus objetivos cercanos son ganar los primeros torneos internacionales y meterse en el ranking internacional, además de adquirir patrocinadores nuevos. Su objetivo a mediano plazo es jugar a nivel muy alto con las primeras 100 tenistas del mundo, y en Gran Slams importantes. A largo plazo, le gustaría conformar su propia academia de tenis y volverse entrenadora. “Lo que el tenis me ha enseñado es que no tienes nada cierto y para obtener algo se tiene que luchar, poner, sacrificar cosas, valorar el tiempo, nunca rendirse”.

Dice algo que me impacta: con seguridad representaría cien por ciento a Colombia, sobre todo por su crianza y educación. Asegura que la criaron más colombiana que italiana. Se ha dado cuenta de que tiene unos valores que los italianos no tienen, y además se siente más en casa cuando está en Colombia que cuando está en Italia, a pesar de haber vivido más tiempo en territorio europeo.

“Quiero que Colombia tenga una jugadora más, que haga la diferencia y que represente al país”. Apago la grabadora, me despido de ella y salgo del club. Al atravesar nuevamente el umbral, no me quedan dudas: Eva Marie es colombiana, a pesar de haber nacido en Italia.

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