Opinión,  Textos de autor

Claudia Lama Andonie: voz de la cotidianidad de mujeres caribeñas

Que en el Caribe colombiano haya pocas cuentistas vivas es una verdad ineludible. De hecho, Fanny Buitrago es el nombre que primero suena entre los círculos literarios cuando de féminas narradoras que aun leen en conferencias se trata. Ella ha descrito una realidad posmoderna en la que las mujeres transitan en medio de conflictos del día a día, resaltando su visión en contra de folletines, entre otros tópicos.

Una crítica del sujeto femenino en el Caribe también la hizo la fallecida Marvel Moreno, pero en un contexto muy distinto y con una voz particular, como debe ser la de toda obra verdaderamente literaria. Adriana Rosas, Fadir Delgado, Farides Lugo son algunas cuentistas con trayectoria que han sido publicadas, por mencionar a algunas escritoras barranquilleras actuales, aunque no fue tan sencillo reunir este número de nombres.

Pero que el bajo número de cuentistas publicadas sea un hecho, no quiere decir que no se esté forjando un espectro más equitativo en la región norte del país. El Portafolio de Estímulos de Literatura de Barranquilla está reconociendo tal labor. Una de las ganadoras del mismo es Claudia Lama Andonie con el libro Bailarás sin tacones.

Esta escritora barranquillera ha escrito relatos reconocidos por revistas de la ciudad y también nacionales. Además, en 2017, publicó su primera novela Un nosotros más grande que trata sobre la partida de un padre de su hogar, dejando a su hijo Jorge, protagonista de la historia.

Más ahora, Lama Andonie ha decido regalarnos diez historias breves en las que mujeres de la cotidianidad, de distintas edades y estratos socioculturales, toman la decisión de ser heroínas, no de los demás, sino de sí mismas; no buscan perder el don de la invisibilidad puesto que no son sujetos espectaculares, buscan reconocerse a sí mismas enteramente.

No obstante, Lama Andonie también nos regala los sentimientos de derrota momentánea, aquellos que muchas veces están asociados o bien con mujeres superficiales, o con emblemas del común, o bien con hombres incapaces de ser un verdadero apoyo para el hogar. Tales derrotas, obviamente, son peldaños inevitables que ellas recorren con elegancia, sin la necesidad del artificio incómodo de un tacón para dar paso a la victoria, sello del diario vivir.

Y es que esas victorias o desatinos de las mujeres de Lama Andonie no son trofeos, no son hechos excepcionales, son circunstancias rutinarias que suelen tejer cambios significativos en sus vidas: Olga, una mujer ya adulta un poco harta de su esposo Arnulfo y de su hijo, ambos perezosos e indiferentes al cansancio de ella, debieron arrendarle la pieza a otra familia con un niño juguetón que ha aumentado su intranquilidad.

Parecida a la vida de Indira, protagonista de otro cuento, que está cansada de los sinsabores de la vida del hogar, y aunque le atrae la idea del suicidio, opta por rebelarse.

La situación de Estela no está demasiado lejos, pues teme haberse convertido en una madre aburrida para su hija. Pero en el cuento Loving strangers hay otro tópico: la voz de una mujer sobria que comparte una noche con una célebre y fastidiosa escritora que no sabe dormir sola, y que da a conocer ese otro desafío del género humano, el de decir ‘no’ a la seducción física de alguien insistente, que además tiene la altivez de un ser reconocido.

Ese tópico se maneja también en el relato de Ana y Milena, la una extrovertida y la otra introvertida. Una pareja que se encuentra desfavorecida en la tabla del juego de la vida, aún en la actualidad, en donde los ‘modelos de familia’ no quieren que los infantes entiendan la diversidad sexual, y muchas veces resulta ser la mujer la que tiene prejuicios al respecto.

Aquí se visibiliza otra vez la madre desde otro ángulo, y aún otro vértice, en Un artefacto para armar, en donde una mujer y su hija que no suelen salir de casa, es convencida por otra, la que narra, para disfrutar del exterior; sin embargo, en el relato se resalta el hecho de que el placer es siempre relativo.

Esa otra que narra tiene la personalidad de la mujer de trabajo que persiste en estas ficciones, dueña de sí misma, como la que aparece en (a mi juicio, el mejor cuento del libro) La creación. En él, Lina, una joven de clase baja, ha padecido siempre dificultades económicas, ha vivido sin la comodidad de una casa propia, de una alimentación balanceada y de los placeres más comunes de la gente de su edad. Decide un día ser una diosa que crea su propio hogar.

Así, Lama relata tal creación con un discurso análogo al del génesis, pero resaltando el hecho de que la protagonista es una muchacha corriente que vive en una zona popular -por algunas pistas parece ser de Barranquilla-, que tiene un carácter firme que le ha permitido sobrellevar la escasez, la monotonía pasada de la cuenta, la grosería habitual de los hombres de la calle y el desagrado de la convivencia con desconocidos en una pensión.

Lina representa a una de las tantas muchachas que descubre el profundo placer de confeccionar un espacio propio y plenamente sencillo para disfrutar de la soledad. Su riqueza radica ahora en escuchar el silencio de las noches sin ajetreos sexuales o violentos, en sentir la compañía de una salamanqueja a la falta de animales y, sobre todo, de la de amigos recientes y otros nuevos que visitan aquel apartamento sencillísimo que para ella es un Edén pleno de frutos prohibidos: la tentación de comer helado todos los fines de semana, de tener un amante repentino en su cama, de comprar lo impagable a partir de su sueldo bajo, pero ya no absurdo, pues lo paupérrimo ya no tiene lugar en su vida, así eso signifique acarrear futuros inconvenientes.

Éstas y otras mujeres, como se mencionó, hacen parte del universo realista de Lama Andonie quien, tal y como grandes voces de la literatura universal — Wolf, Hemingway o como lo hizo Lucía Berlín, una escritora cuyo trabajo fue reconocido recientemente—, recurrieron a la narración entre líneas, a la estética de lo aparentemente simple que guarda consigo un asunto complejo, sin que sobren detalles.

Así, sus cuentos no son odas a la libertad, sino cantos de estructura muy básica, pero con poderosos estribillos.

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